Los encuentros

(traducción por Beatriz Garcia Bonelli)

 

Los apartamentos verdes de OINCO

Es domingo por la mañana y es nuestro último día en Cochabamba. Preparamos las mochilas y en la calle principal en la esquina de nuestro hostal, esperamos que Oscar nos recoja en el coche. Hace sol y el tráfico discurre con pereza por las calles del centro. Pocas vueltas y llegamos a un aparcamiento, detrás de la estación de autobuses de la ciudad, donde hay un constante ir y venir de personas y una cancela que se abre y se cierra repetidamente. Esa cancela es la cancela de la Organización de los Inquilinos de Cochabamba (OINCO) y el flujo de personas es debido a la preparación del encuentro de los miembros de la organización con el gobernador. Hay un clima de fiesta pero en el que se percibe la inquietud de quien lleva esperando muchos años que su proyecto se convierta en realidad. Participamos con curiosidad en el evento y mientras bebemos un dulcísimo mocochinchi1 descubrimos la singular historia de este grupo de ciudadanos y ciudadanas que han decidido organizarse en comunidades.

María nos llena el plato con la exquisita comida que han cocinado para la ocasión y nos explica cómo hace 8 años, de la voluntad de de las comunidades de 5 zonas urbanas y periurbanas de Cochabamba, nace OINCO. “Hoy nos reunimos con el gobernador porque queremos asegurarnos que nuestro proyecto siga adelante y sean asignados los lotes de terreno donde construir nuestros apartamentos verdes”.

El proyecto de OINCO afronta el problema de lo que en Bolivia y en otros países de América Latina llaman el inquilinato, es decir, residencias colectivas en donde varias familias comparten una casa, normalmente una por habitación, dividiéndose los servicios higiénicos y el agua. Un problema nacional, que afecta aproximadamente al 55% de la población boliviana. La ley sobre el inquilinato no tutela a las familias que a menudo sufren la prepotencia de los propietarios de casas que suben los precios de la luz y el gas a discreción, que fijan alquileres mensuales de hasta 300 dólares por una sola habitación, que desahucian a familias si no pagan una cuota o se niegan a alquilar a parejas con hijos. Además, el problema de la especulación inmobiliaria y de la excesiva lotización de la tierra de las zonas urbanas ya se han ocupado lo que un tiempo fueron espacios comunes de agregación donde se sostenían actividades de encuentro y trabajo comunitario.

OINCO decide afrontar esta problemática proponiendo un proyecto alternativo de viviendas: la construcción de apartamentos “verdes”. En la ciudad, hombres y mujeres han perdido su relación con la naturaleza que puede ser reconstruida con la promoción de huertos de barrio, de actividades de reciclaje y reutilización de materiales y la gestión de sistemas de fitodepuración 2. OINCO propone una definición de “casa digna” que prevé no sólo  la construcción de infraestructuras adecuadas y seguras sino también y sobre todo la presencia de condiciones que garanticen una vida plena, libre y feliz. Casas donde no hay violencia, se tienen buenas relaciones con los vecinos y con la comunidad, una relación viva con la naturaleza, donde se puede disfrutar de la propia intimidad. OINCO pone en la base el concepto de propiedad comunitaria de la tierra para que se puedan evitar especulaciones y excesivas lotizaciones. De aquí nace la iniciativa “Huertos en mi comunidad” con el objetivo de prepararse como comunidad al desafío de la agricultura urbana. María nos dice que han sido muchas las marchas y manifestaciones para obtener un pedazo de tierra para iniciar un huerto urbano. “Desde la laguna Alalay hemos desfilado por las calles hasta ocupar siete bloques hasta que el gobernador nos ha oído y ha aceptado donarnos un espacio donde poder iniciar nuestro experimento y hacer mucha práctica con la agricultura biológica”. OINCO ha obtenido un terreno de 1000 m2 en medio de la ciudad y también en medio de montañas de chatarra, metales oxidados y viejos neumáticos abandonados desde hace años. Han sido necesarios muchos esfuerzos para transformar esa tierra dura y llena de guijarros en una tierra donde ahora crecen tomates, lechugas, cebollas, patatas, maíz y zanahorias. Los organizadores de OINCO han establecido en el tiempo una colaboración constructiva con las instituciones locales y otras realidades asociativas con el fin de obtener cursos de formación, laboratorios sobre la preparación de bio-pesticidas o sobre la realización de un sistema hidráulico para la irrigación, obteniendo así el soporte técnico que necesitaban. El huerto urbano de OINCO aloja hoy también a muchachos de la Universidad que, junto a la comunidad, experimentan nuevas técnicas de agricultura biológica. Nosotros conocemos a Lucía, que nos explica, por ejemplo, cómo los módulos verticales de cultivo, queridos por Aniceto, presidente de la organización, son módulos todavía poco conocidos en Bolivia y sobre los que se han escrito tesis doctorales. Las iniciativas de formación, las tentativas de experimentación y el proyecto de apartamentos agro-ecológicos han hecho que el huerto se convierta en la Escuela Popular OINCO. Sigue Lucía: “Los proyectos de las casas están en fase de diálogo y en pocos años las personas tendrán acceso a sus casas donde tendrán sus huertos para cultivar. La escuela popular nace con el propósito de formar a los futuros inquilinos a cultivar su propio alimento de manera natural. Las expectativas son muy elevadas, esperemos que todo sea posible. Es un experimento muy interesante, único en su género: los primeros apartamentos verdes”.

María nos dice que han hospedado a unos 20 estudiantes el año pasado y que donan parte de la cosecha a asilos y residencias para ancianos. Mientras paseamos por el huerto, María nos habla orgullosa de los éxitos de la organización pero sin escondernos el sufrimiento de los últimos años, de la sofocante habitación que comparte con sus 3 hijos y del miedo de ir a vivir a la calle de un día para otro. Con los ojos brillantes nos dice: “En estos 8 años, algunos han dejado la organización pero yo me quedo. He aprendido a ser valiente, a luchar, a no perder la esperanza, a creer que nuestro sueño se realizará, no puede faltar mucho. En estos 8 años he aprendido sobre todo a conocer la vida de las personas, a dar importancia a las cosas que a veces desde fuera no apreciamos de la vida de quien encontramos. Viniendo aquí, hablamos, nos escuchamos, nos ayudamos, nos abrazamos para darnos valor. He aprendido a ser más humana, porque un apretón de manos o una palmada en la espalda nos anima y nos empuja a ir adelante”.

El gobernador se ha marchado, también nosotros debemos coger nuestras mochilas y despedirnos, nuestro autobús parte dentro de pocas horas. Agradecemos a todos los miembros de OINCO: mujeres, hombres, adultos, niños, jóvenes, ancianos, familias enteras. Abrazamos fuerte a María. Mientras vamos a la estación, pensamos en sus palabras: 8 años, si, son largos pero en estos años un vertedero se ha convertido en una escuela popular de agricultura biológica, en donde el problema del inquilinato ha sido llevado a la palestra nacional y donde se está realizando un programa de viviendas alternativo que considera la casa un proyecto común de reapropiación de la tierra y de los espacios urbanos. Un proyecto que no quiere simplemente construir casas sino construir comunidades, juntos y desde abajo.

1 Bebida típica boliviana a base de agua, azúcar, canela y melocotones deshidratados.

Sistemas de depuración natural de las aguas residuales domésticas, agrícolas y a veces industriales.

En Calcuta: Anirban y los peces en la azotea

Anirban nos mira con ojos tranquilos y relajados pero avispados. Tiene unos cuarenta años y es el fundador de Urbagrowuna pequeña empresa de agricultura urbana orgánica. Hemos venido a encontrarnos con él en su sede, un edificio normal en una zona urbana al sur de Calcuta, nuestra primera meta hindú. Anibar, de joven, emigró a Canadá con su mujer, tuvo hijos pero después de diez años entre nieve, hielo y vientos polares decidió que prefería el calor de los trópicos y volvió a la India, donde, tras una larga investigación, creó Urbagrow.

Estamos en Calcuta desde hace 10 días, demasiados para nuestro gusto: son días más bien monótonos en espera de que le renueven el pasaporte a Stefano, que, a pesar del esfuerzo realizado por el amabilísimo funcionario del Consulado de Calcuta, no llega nunca por la lentitud burocrática de la red consular italiana. Pasamos los días descansando, viendo la TV y adentrándonos en las caóticas y atestadas calles de la capital de Bengala Occidental. Calcuta es famosa por su pobreza, degradante, extrema, inhumana, sinónimo por excelencia del sufrimiento dado a conocer por la obra de caridad de Madre Teresa. La monja macedonia murió pero su obra sigue como siguen también los problemas de la ciudad.

El sufrimiento de millones de hindúes que tratan de sobrevivir en esta verdadera jungla urbana, donde en un calor sofocante, las manos extendidas de los mendigos, el hedor que proviene de las montañas de inmundicias, los clacsons de las motocicletas, los mototaxis y los timbres de los rickshaw humanos (uno de los últimos lugares del mundo donde aun son comunes y muy utilizados) nos recuerdan como el tan cacareado crecimiento económico de La India no incluye la triste realidad de la mayoría de la población, como siempre excluida y marginada.

En estos primeros días en India descubrimos los sabrosos, ricos y variados platos hindúes que hacen más llevadera la tediosa espera del pasaporte. Justo en los alimentos se basa nuestro amigo Anirban Chanda para promover el trabajo de su empresa que propone una solución simple, sana y económica al problema de la disponibilidad de los productos alimenticios de calidad en las grandes ciudades. El análisis de la situación alimentaria mundial de Anirban es lúcido y claro. El coste de la comida sigue aumentando y la tierra para cultivar sigue disminuyendo por el crecimiento de la población, por la especulación edilicia  y por la contaminación de tierra y agua. Cada vez más  a menudo encontramos en nuestra mesa productos preparados con cereales y verduras cultivados utilizando grandes cantidades de pesticidas y fertilizantes químicos y tóxicos. Las semillas usadas en la gran agricultura industrial son frecuentemente modificadas genéticamente y costosas porque son patentadas por las grandes compañías agro-alimentarias como: Cargill, Monsanto, Syngenta (en vías de fusión), Bayer (si, la de la aspirina), Dow Chemical (responsable de haber matado a más de 16.000 personas y causado daños permanentes a más de 600.000 desde 1984 hasta hoy por un incidente en una fábrica de pesticidas en Bhopal, India) y BASF (si, la de las colas).

La solución propuesta por Urbagrow prevé 3 fases: visitar, aprender y crecer.

Visitar la fantástica azotea de Urbagrow es una experiencia única. En medio de la contaminada y caótica Calcuta hay un corazón verde donde Anirban, con pasión y paciencia, cultiva anualmente quintales de verduras como lechuga, tomates, rúcula, pepinos o albahaca, según las necesidades y la estación. Al mismo tiempo, cría quintales de peces, todo en poquísimos metros cuadrados y sin usar un gramo de productos químicos. ¿Cómo? Muy simple. En unos tanques llenos de piedra planta los brotes de las verduras, rociadas de manera constante por agua procedente de otro tanque lleno de peces. El proceso químico desarrollado por peces y bacterias genera sustancias nutritivas que permiten a las verduras germinar y crecer vigorosas.

Obviamente, para que el proceso funcione, es necesaria una constante supervisión que se puede aprender en un par de días haciendo un breve curso que el propio Anirban imparte para quien está interesado en cultivar sanas y sabrosas verduras en su azotea o terraza. Al final, Urbagrow vende todo lo necesario para poner en práctica en casa todo lo aprendido en el curso: semillas, plantas, sistemas hidropónicos y naturalmente las crías de pescado, alrededor de 2 kilos por metro cúbico de agua que dentro de un año se convertirán en 20 kilos, listos para ser cocinados con un contorno de verduras cultivadas en casa.

La agricultura hidropónica propuesta por Urbagrow puede levantar alguna duda en cuanto dista bastante del ideal de agricultura biológica, desarrollada en campos incontaminados. En realidad, considerado el presente modelo agro-industrial que en su mayoría abastece nuestros supermercados, la alternativa propuesta por el simpático Anirban nos parece un óptimo modelo para cultivar verduras sanas y peces en abundancia, todo de manera biológica, a bajo coste y a kilómetro cero.

India: descubriendo la extraordinaria fuerza de la solidaridad femenina

Establecer una cita ha sido difícil: ocupaciones, pocos días disponibles, traslados, pero sobre todo agua. Tantísima agua. El programa de pasar nuestros últimos días hindúes en Chennai, la capital del estado de Tamil Nadu, corre peligro. Las noticias de los periódicos y las informaciones que leemos en internet y que recibimos por e-mail nos desaniman. Entre el 15 y el 16 de noviembre, caen 37 cm de lluvia en 24 horas, haciendo precipitar la situación, ya muy crítica, a causa de las intensas lluvias que han caído en la ciudad desde finales de octubre. El nivel del lago Chembarambakkam se ha elevado 7 metros inundando las zonas aledañas y aumentando el regular régimen del río Adyar que desbordándose ha arrasado miles de viviendas construidas a lo largo de sus márgenes. Un balance dramático de más de 200 muertos y miles de personas evacuadas. La metrópoli de Chennai, en el sudeste de la India, tiene una población total de unos 8 millones, 4 millones sólo el centro urbano, de estos 4 millones el 30% vive en barracones. El agua ha destruido muchas viviendas en mal estado en las que estas personas vivían, se ha llevado la poca ropa que tenían y se han perdido los sencillos útiles y herramientas con las que se ganaban la vida. Este aluvión ha obligado a estos “náufragos del desarrollo” a caminar descalzos durante horas buscando un refugio, comida y agua. Una situación además agravada por una crisis sanitaria, con un aumento de la difusión de enfermedades como cólera, tifus y malaria.

Una verdadera situación de emergencia que ocupa en primera fila a las mujeres del Working Women Forum (WWF, Forum de las mujeres trabajadoras), con las que habíamos  establecido contacto después de haber leído sobre su trabajo y quedarnos impresionados. Ya desesperanzados respecto a un posible encuentro, recibimos con sorpresa un e-mail que nos invita a presentarnos en las oficinas del WWF el 19 de noviembre.

Tomamos el primer autobús en Puducherry (o Pondicherry) la tarde del 18. Aún llueve, pero suavemente, sobre los tejados de esta extraña ciudad influenciada por la cultura y arquitectura francesa. El agua entra por la ventanilla, nos apretamos en el asiento ya que falta el cristal y no podemos cerrarla. A lo largo del atardecer recorremos veloces la carretera hacia Chennai. Las luces de la noche se encienden poco a poco y se reflejan sobre el enorme espejo de agua estancada que vemos a nuestro alrededor. El autobús también se ilumina con luces de colores, el volumen ensordecedor del último éxito de Kollywood (1) y de las risas de los pasajeros que encuentran la película muy divertida. Después de 5 horas llegamos a la inundada estación de Chennai, nos ponemos nuestros impermeables y aplastados entre las mochilas nos montamos en un bee-coche que nos lleva al hostal en el lento y caótico tráfico de ciudad.

A la mañana siguiente, un ligero sol da un poco de tregua a los pesados días anteriores de lluvia. Puntuales llegamos a la cita, sin saber lo que nos estaba esperando. Nunca habríamos podido imaginar una acogida tan atenta, amable, premurosa, cuidada hasta el mínimo detalle y para nada construida y forzada. Con calor y espontaneidad, la sonriente Nandini nos entrega dos rosas rojas nada más entrar en las oficinas del WWF.  Nandini, una mujer de unos treinta años, asistente de la directora de la organización, nos acompaña por las diferentes estancias, mostrándonos las oficinas del instituto de crédito de la organización y de la unión de las mujeres trabajadoras, las aulas de los cursos de formación y los diferentes departamentos en los que está estructurado el WWF. Nos sentamos junto a un grupo de mujeres para asistir a una lección sobre la autoproducción de jabón: no sólo listas de los ingredientes que hay que mezclar sino también algunas pinceladas de reflexiones sobre gestión de la casa, cuidado de los hijos, gestos y comportamientos dictados por supersticiones que a menudo degradan el papel de la mujer. Pavarthy, la responsable del curso, facilita la discusión con energía y entusiasmo. Tenemos la ocasión de intercambiar algunas palabras con las mujeres presentes  en la formación que nos hablan de su trabajo, sus hijos y de sus pequeñas dificultades cotidianas y de las más grandes y dramáticas que la vida les ha puesto delante. La mayor parte de estas mujeres vive en los barracones de Chennai y pertenece a la casta de los Dalit (2). Algunas son sastras, otras confeccionan incienso o bidis (cigarrillos hindúes), otras recogen trapos y los venden, otras se dedican a la venta ambulante. Nos explican cómo con los años han conseguido encontrar dignidad en su trabajo, trabajos humildes que no por eso no deban ser respetados, por ellas mismas y también por quien se beneficia de estos servicios. Formación, microcrédito pero también la confianza en sí mismas, el respeto y la dignidad son factores que han permitido a las mujeres que hemos conocido dar un importante primer paso en su camino de esperanza. Concretamente, significa que un grupo de sastras han podido abrir una pequeña tienda donde venden la ropa que ellas confeccionan y que las vendedoras ambulantes puedan entender mejor las exigencias del mercado y aumentar la venta de sus productos. Mucha determinación y alguna lágrima en sus palabras.

Junto a algunas de ellas, beneficiarias de los programas de microcrédito, vamos a las sucursales del Banco del WWF porque hoy es el día en que los grupos reciben el préstamo. Lo celebramos bebiendo una dulcísima taza de chai (té). Con ellas nos sentimos en casa. Nuestros corazones están aturdidos de tanta energía y hospitalidad.

Seguimos nuestro itinerario porque nos espera en su despacho Jaya Arunachalam, presidenta y fundadora del WWF. Detrás de su dulce mirada, una larga historia de lucha con y por las mujeres, al lado de las que viven en la calle, solas y que desempeñan los trabajos más dispares. Una mujer adelantada a su tiempo, que ha roto convenciones que consideraba injustas, que se ha casado con un hombre perteneciente a una casta inferior a la suya. Jaya es miembro del partido Indian National Congress, con una potencial futura y brillante carrera de líder político ante sí, cuando, inesperadamente, las circunstancias la empujan a reflexionar sobre el papel del partido en la vida cotidiana de las personas. En 1977, durante una grave emergencia debida a las inundaciones, muy parecida a la de noviembre de 2015, Jaya Arunachalam participa en las misiones de ayuda y de distribución de material de primera necesidad a las personas afectadas por las fuertes inundaciones: personas, en su mayor parte mujeres, que parecía que esperaban las calamidades naturales para recibir ayuda. Mujeres marginadas, privadas de protección social, incapaces de entrar en el sistema dictado por la sociedad hindú de aquel tiempo. Decide pues dejar la política y dedicarse completamente al difícil y obstinado camino de la emancipación femenina, desafiando la antigua cultura hindú y la ley Hindu, según la cual una mujer no es independiente sino que siempre debe estar protegida por el padre, marido o hermano. Además, la difusión de prácticas como la dote, el infanticidio o el abandono de las viudas consolidan la subordinación de las mujeres a los hombres, creando en la sociedad ciudadanas de segunda clase.

Inspirada por el modelo de microcrédito del Grameen Bank de Muhammad Yunus, , fue una de las primeras mujeres en combinar  un modelo de desarrollo económico con programas de nutrición, salud y conocimiento de las leyes que regulan el trabajo y los derechos humanos. Según Jaya Arunachalam, el préstamo, por sí solo, no habría cambiado significativamente la vida de las mujeres sin una formación en nociones financieras básicas (préstamo, inversión, intereses), sin el reconocimiento y la tutela de todos aquellos trabajos considerados hasta ese momento “informales”, sin una fuerte movilización contra el trabajo de los menores, la prostitución, violencia doméstica, feticidio e infanticidio femenino.

Un proyecto ambicioso que necesitaba un capital inicial. Jaya Arunachalam envió a varios bancos la propuesta para crear un fondo de solidaridad para conceder préstamos a mujeres pobres. Su idea fue rechazada porque los bancos no confiaban en la capacidad de las mujeres para devolver el préstamo. Este primer obstáculo no desanimó a Jaya, al contrario, porque poco después inauguró, junto al WWF, la Working Women’s Co-operative Society que en 1981 se registra como Indian Co-operative Network for Women. Nace así un sistema bancario capaz de responder a las exigencias de mujeres pobres empleadas en el sector informal, que promueve su independencia social y financiera a través del desarrollo de la micro/pequeña empresa, préstamos a bajo interés, empleo y servicios económicos.

Una revolución simplemente extraordinaria, que ha permitido el inicio del proceso de regulación de los trabajos informales. A través de la National Union of Working Women (NUWW), trabajos como la producción de bidis, varillas de incienso o el bordado ahora están formalmente reconocidos y por tanto sus sueldos reglamentados: por ejemplo, si en el pasado una mujer recibía 2 rupias (0,02 cent de euro) cada 1000 cigarrillos, hoy recibe 24 (30 cent de euro). Un día de trabajo en el campo rendía antes 4 rupias (0,05 cent de euro), mientras que ahora vale 40 (0,53 cent de euro). Además, la NUWW ha puesto en marcha sistemas de seguridad social para tutelar la fuerza de trabajo no organizada de unas 600.000 mujeres y ha ideado micro coberturas aseguradoras a favor de las trabajadoras en caso de enfermedad, accidentes o muerte.

Un movimiento femenino que ha unido mujeres de castas, religión y etnias diversas, promoviendo la cohesión entre los pobres de los diferentes grupos divergentes sobre una plataforma social de una causa común. Un grupo inicial de 800 se ha transformado hoy en una red de 5 millones de mujeres. Una red fuerte, hecha de mujeres capaces de planificar cuántos hijos quieren tener, de ganar y gestionar el dinero para su familia y también de movilizarse en marchas y encuentros públicos para pedir y obtener el reconocimiento de derechos políticos. El programa puesto en marcha por el WWF ha otorgado en seguida un mayor poder económico a la mujer que con el tiempo se ha traducido en una mayor implicación política: muchas de las mujeres del WWF son hoy miembros del Panchayat (3).

Tantos resultados obtenidos, tantas batallas ganadas, tantas dificultades superadas. El trabajo del WWF y la personalidad de Jaya Arunachalam han sido reconocidos incluso a nivel nacional e internacional. Muchos presidentes, primeros ministros, estudiosos han visitado el WWF y visto su trabajo de cerca. Desde China a Italia, Jaya Arunachalam se ha hecho embajadora de los problemas de las mujeres hindúes en conferencias de las mayores organizaciones internacionales. Pero cuando le preguntamos por algún momento que recuerde en particular, no nos habla ni de sus viajes ni de Hillary Clinton, una de sus visitantes más ilustres. Recuerda, sin embargo, la solidaridad y la participación de las mujeres del fórum el día de la muerte de su marido: las primeras en llegar y estar presentes. Un momento de comunión profunda. Esto es lo que nos cuenta. Las mujeres del WWF, siempre y antes que nada. Quizás sea gracias a esta magnífica sensibilidad que ha conseguido montar una red tan fuerte y longeva, que no habría sido posible sin el extenuante trabajo de todas sus colaboradoras. Quizás sea por esta extraordinaria sensibilidad que hemos sido acogidos a la par de jefes de estado, casi como Hillary y Bill Clinton. Ninguna diferencia, sólo acogida y compartición. Dejamos el WWF tras una riquísima comida, cargados de libros, entusiasmo y energía

La tarea del WWF continúa. La creciente urbanización, la presión demográfica, el cambio climático, los desastres naturales, una cultura patriarcal contribuyen a tener siempre altos los ritmos de trabajo de Jaya y su equipo. Justo como hemos visto con nuestros ojos estos días de lluvia incesante. Todo puede parecer como cuanto todo empezó: inundación y ayuda, pero no es así. Cuando las operadoras del WWF visitan las zonas interesadas por las inundaciones no encuentran grupos de mujeres esperando paquetes humanitarios sino mujeres que ya tienen un plan para resolver el enésimo desafío, dispuestas a recomenzar, como siempre, con sus propias fuerzas.

(1)Industria cinematográfica de Tamil Nadu, con sede en Kodambakkam, contrapuesta a Bollywood.

(2)Los Dalit son considerados por las castas superiores que están fuera del Varna, o sea el sistema que propone la división del pueblo hindú en cuatro castas. Por este motivo, los Dalit son destinados a trabajos humildes, como limpieza de las calles, la matanza, limpieza de letrinas y alcantarillas. Estas actividades han sido consideradas contaminantes para el individuo y esta contaminación es contagiosa. De aquí el adjetivo intocables. En el pasado, estaba prohibida a los Dalit la plena participación en la vida social hindú. Eran físicamente separados de la comunidad y las otras castas evitaban cualquier contacto con los Dalit. En 1950, la Constitución declara ilegal el sistema de castas. Se suceden una serie de reformas e iniciativas dirigidas a nivelar las disparidades entre castas, promoviendo instrucción, trabajo y salud. Ha sido notable la mejoría en las condiciones de vida pero retales culturales, tradiciones y supersticiones son difíciles de extirpar, sobre todo en las áreas más desfavorecidas.

(3)Literalmente “comité de los 5” es la unidad de autogobierno local

Una mota de arena entre los engranajes de la industria minera. El caso de Xolobeni

El limpiaparabrisas se mueve rítmicamente, limpiando el cristal de la abundante lluvia primaveral que está cayendo sobre Durban. Estamos en Sudáfrica y después de haber explorado durante algunos días la ciudad  con su fantástico paseo marítimo, renovado por el mundial de fútbol de 2010, sus playas y el estupendo acuario, nos estamos dirigiendo hacia el sur, en un coche de alquiler, parados en el tráfico de la hora punta. Una hora después salimos del centro de la ciudad atravesando su zona más fea y gris, la del puerto y las fábricas, rodeadas por las fatídicas township, los barrios-ghettos donde la población negra estaba obligada a vivir durante el apartheid y que aún hoy son las zonas urbanas más degradadas, pobres e inseguras.

Viajamos paralelamente a la costa, a nuestra izquierda el azul del Océano Pacífico, ante nosotros el gris de la autopista, ancha y bien asfaltada, que atraviesa las dulces colinas del kwaZulu-Natal, onduladas y verdes. Al borde de la carretera decenas y decenas de personas, bajo la lluvia, esperan uno de los muchos autobuses blancos que garantizan el transporte público. Para nosotros, italianos, es muy extraño ver tanta gente caminando por la autopista y que a veces la atraviesan corriendo, atemorizados por los coches que indiferentes pasan velozmente. Llegamos al Ku-Boboyi Lodge, un sitio delicioso. Ya ha anochecido, cenamos tranquilos escuchando el océano a lo lejos, interrumpido por las historias de vida del propietario. Hacia las 10, cansados, nos vamos a dormir. Nos levantamos por la mañana temprano, con una espléndida vista a la Leisure Bay, una playa dorada que marca el inicio de la Wild Coast, “la costa salvaje”. Nunca un nombre fue tan acertado, ya que se trata de un magnífico tramo de costa absolutamente incontaminado, aún no señalado por el cemento, el asfalto ni la explotación comercial, tan marcados a veces en otras zonas costeras de Sudáfrica.

Estamos aquí para encontrarnos con algunos representantes del Amadiba Crisis Committee (ACC), una organización comunitaria que está luchando para defender su territorio del proyecto de explotación minera desarrollado por la multinacional australiana Mineral Commodities (MNC). Esta compañía es propietaria de la Transworld Energy and Minerals Resources (TEM) y de la Xolobeni Empowerment Company (XOLCO), fundadas por la misma MNC para gestionar la mina y hacer propaganda de los hipotéticos efectos positivos derivados del proyecto de extracción minera para las comunidades locales. El plan está claro: explotar las arenas ricas de minerales presentes en la zona, transformarlas y exportarlas desde el cercano puerto de Durban a todo el mundo. El área interesada en el proyecto tiene una longitud de 22 km y una anchura de 1,5 km por un total de 2.867 hectáreas. Sólo el 5% de las arenas contiene minerales pesados, pero de este 5%, sólo el 65% tiene un alto valor comercial: 139 millones de toneladas de minerales contienen titanio, entre los cuales: ilmenita , circonio, leucoxeno y rutilio usados principalmente en la industria de pinturas. La MNC invertiría alrededor de 180 millones de euros para construir una planta de separación de los minerales y una fundición que daría trabajo a unas 300 personas.

En práctica, lo que la compañía está proponiendo es devastar casi 3.000 hectáreas de costa incontaminada, pero habitada por unas 15.000 personas, con un proyecto a larga escala de extracción minera, fábricas contaminantes y nuevas carreteras, desahuciar a 200 personas y anular para siempre el potencial turístico de la zona. Todo esto, para crear 300 puestos de trabajo, hasta que dure la extracción del mineral, o sea unos 20 años. Cualquier persona con un poco de sentido común estará de acuerdo en que la operación no tiene ninguna ventaja para las comunidades locales, las cuales se beneficiarían bien poco de los millones de euros generados por la venta de los minerales extraídos. Por este motivo, los habitantes de la zona se han mostrado siempre fuertemente contrarios al proyecto y dispuestos a resistir a este tipo de “desarrollo”. El proyecto, encuentra un sentido, puramente económico, sólo tomando en consideración los enormes beneficios para la compañía, casi 700 millones de euros, y para el gobierno Sudafricano, casi 170 millones de euros.

La historia de este proyecto se parece a muchas que hemos oído durante nuestro viaje: desgraciadamente, de Méjico a Chile, de Camboya a Sudáfrica, los grandes proyectos de “desarrollo” económico no prevén  que las comunidades locales puedan elegir el destino de su territorio, de sus vidas. Resumiendo brevemente lo que ha sucedido en Xolobeni se puede ver como el comportamiento por parte de las multinacionales es violento y reiterado, de manera similar a lo visto en otros países y continentes. En 2002 se aprobó una primera licencia exploradora para extraer titanio de las playas de la Wild Coast. La relación entre la empresa y las comunidades locales fue empeorando cada vez más hasta 2006/7 cuando se produce un rechazo neto por parte de éstas hacia todo tipo de extracción minera. En 2008 el gobierno expide una licencia para la explotación, suspendida 4 meses después por nuevas protestas. En 2011 las comunidades hacen un llamamiento contra la concesión y la licencia es retirada. En marzo de 2015, la compañía MNC deposita una nueva demanda de explotación minera, la autorización del gobierno aún está pendiente, bloqueada por la resistencia de las comunidades locales que está parando la valoración de impacto ambiental necesaria para obtener la licencia de explotación.

Según los portavoces de la Amadiba Crisis Committee, la mina tendría un impacto tremendo sobre las 5 comunidades que viven en la zona y  su ambiente natural. Los procesos extractivos consumirían  de 13 a 15 millones de metros cúbicos de agua al año, cuando las mismas comunidades locales no tienen suficiente. La extracción de las arenas provocaría  una gran transformación del estuario de los ríos y un serio daño a la fauna que vive en el parque de conservación marina de Pondoland. Impactos fuertes también desde el punto de vista social, causados por la expropiación de los terrenos, la recolocación forzada de enteras comunidades y la necesidad de construir una nueva autopista para transportar los minerales hacia el puerto de Durban. Una nueva carretera asfaltada en el lugar del descampado actual tendría como consecuencia un gran aumento de tráfico, de la contaminación y un cambio en los ritmos y los equilibrios de estas sociedades rurales que se han expresado claramente contra este tipo de desarrollo.

El enfrentamiento entre compañía minera y comunidades locales se ha recrudecido de nuevo la pasada Navidad con intimidaciones físicas, disparos, registros sin orden en el corazón de la noche, emboscadas y apaleamientos. Aún ahora la gente duerme en los bosques, lejos de sus casas por miedo: 4 personas has sido arrestadas por intento de homicidio durante las violencias de diciembre. Son 4 muchachos del lugar, seguramente corrompidos con algún puñado de rand (la moneda sudafricana) que en Navidades vienen bien para celebrar la fiesta de manera digna. No parece casualidad que 2 personas legadas a la multinacional MNC hayan pagado la fianza por los 4 sospechosos de homicidio frustrado pocas horas después del arresto. También los líderes comunitarios, a veces, ceden a la tentación de un puesto de trabajo, de un sueldo seguro o de un coche de lujo, a cambio del apoyo al proyecto. Ha sucedido al jefe del poblado de Bizana, uno de los poblados implicados en el proyecto: el señor Lunga Baleni, ha sido un acérrimo contrario al proyecto hasta que fue nombrado director de la Xolco, una de las sociedades controladas por la MNC. Así, por los intereses de una multinacional, se fomenta la corrupción, la violencia y el enfrentamiento social en comunidades que querrían sólo ser dejadas en paz, puestas en condiciones de trabajar la tierra, pastar las vacas y desarrollar el bien más sostenible, sector turístico. Algunos proyectos de eco-turismo ya se han puesto en marcha y son reglamentados según las modalidades y límites concordados a nivel comunitario, en asamblea y democracia, la verdadera, desde abajo, hecha de enfrentamientos pero de elecciones autónomas y compartidas, no según las reglas del aparato estatal sudafricano, donde, demasiado a menudo, las multinacionales mineras y el gobierno guiado por el African National Congress (ANC) deciden sin interpelar y sin consultar la voz de quien vive en su territorio.

Mzamo y Nonhle, de la Amadiba Crisis Committee, sonríen tímidos delante de una taza de té que hemos tomado durante nuestra larga entrevista. Son personas normales, humildes, sinceras, pero con sus palabras, sus sonrisas y sus miradas transmiten una fuerza interior excepcional, la fuerza de quien resiste a las decisiones impuestas desde arriba,  la fuerza de quien cree en lo que hace, la fuerza de quien lucha para defender su tierra, su futuro y el de sus hijos. Por ahora el proyecto está parado. Xolobeni es más verde y exuberante que nunca, la pequeña organización formada por algún centenar de campesinos sudafricanos está parando una potente multinacional australiana apoyada por el gobierno sudafricano. Nelson Mandela dijo:” Parece siempre imposible, hasta que no se hace” los activistas del Amadiba Crisis Committee han demostrado que pueden conseguirlo, esperemos que sigan resistiendo a los gigantes de la explotación minera, de la destrucción del territorio y de la negación de los derechos humanos.

Para profundizar:

http://www.groundup.org.za/article/imbizo-xolobeni

https://wikileaks.org/plusd/cables/08PRETORIA2730 a.html

http://www.ejolt.org/wordpress/wp-content/uploads/2015/07/FS-27. pdf

https://en.wikipedia.org/wiki/Xolobeni mine

Los Rapanui y la isla de Pascua

Rapa Nui, más conocida como isla de Pascua1, es descrita normalmente como un puntito en medio del océano Pacífico. ¿Y si probamos a describirla desde otra perspectiva? Iniciaremos más o menos así: Rapa Nui es la isla en el centro de la Tierra de la que el resto del mundo está alejado. ¿Suena diferente, no? En el fondo las cosas cambian según desde donde se miren. De Méjico a Perú, de los Mayas a los Incas, las civilizaciones del pasado han construido sus propias ciudades sagradas en el ombligo del mundo, situándose por tanto en el centro de la Tierra. Por ejemplo, así nace Cuzco: en el siglo XII a Manco Capac, el primer inca, le fue encargado por el dios sol Inti encontrar el ombligo del mundo e iniciar la gran civilización. Por lo que se refiere a Rapa Nui, la leyenda dice que el rey Hotu Matu’a, transportó desde Hiva, una isla de la Polinesia, una gran roca donde estaba encerrado el mana, el poder espiritual otorgado por los dioses, para ponerla en el centro de la nueva civilización. La roca se llama Te Pito O Te Henua, literalmente “el ombligo del mundo”, que era, probablemente el nombre original de la isla. Otras fuentes, sin embargo,  indican que el nombre fuese Te Kainga, literalmente “la tierra”. Ambas versiones expresan el concepto de centralidad de la civilización rapanui que puebla la homónima isla, de sólo 117km2 que tiene a 3.601km al este el continente americano y al oeste las islas Pitcairn a “sólo” 2.075km.

Rapa Nui es conocida en todo el mundo por sus moai, enormes estatuas de piedra esculpidas por la población para pedir protección y prosperidad a los dioses y colocadas encima de los ahu, plataformas de piedra que servían de altar para las ceremonias religiosas, sociales y culturales. La historia de  la civilización Rapa Nui comienza entre el 600 y el 900 d.C cuando colonizadores polinesios desembarcan en la isla trayendo semillas, plantas, animales y todo lo necesario para sobrevivir en la isla. Desde el año 1000 hasta el 1600, la sociedad Rapa Nui florece y desarrolla técnicas cada vez más refinadas para esculpir y transportar las sagradas estatuas que pesan varias toneladas. Los moai adquirieron con el tiempo dimensiones cada vez mayores hasta medir 21m de altura y emplear 2 años de trabajo para su finalización. Pero desde la cima a la decadencia el paso es breve: la difícil vida en la isla y lo limitado de sus reservas llevan a los 18 clanes que la habitan a crueles enfrentamientos. La Rapanui es una civilización de la que se conoce realmente poco: muchas informaciones, de hecho, son desgraciadamente inaccesibles por la imposibilidad de descifrar las tablas Rongo Rongo2, pero sobre todo se han perdido a causa de los sucesos que llevaron en el curso de los siglos a la casi total desaparición de la cultura rapanui y de su pueblo.

En 1770, dos barcos españoles, el San Lorenzo y el Santa Rosalía, enviados por Manuel de Amat, virrey de Perú, desembarcan en Rapa Nui y toman posesión en nombre de Carlos III de España, plantando 3 cruces de madera en la cima del monte Poike, una de las 3 cimas de la isla. La isla se convierte en propiedad del reino de España, sin ningún enfrentamiento, encuentro o diálogo con la población local, sino simplemente a través de una declaración unilateral  a la que no siguieron otras expediciones por parte de la corona. Después de la breve visita española, a  Rapanui llegó también el explorador inglés James Cook en 1774, quien escribe como las cruces españolas fueron abatidas por la población local; los franceses con Jean François de Galaup, conde de Lapérouse, quien realiza el primer mapa de la isla en 1786; e incluso una expedición rusa guiada por el explorador Otto von Kotzebue en 1816.

En  1862, mercaderes de esclavos procedentes de Perú llegan a Rapa Nui deportando y asesinando a unas 1.500 personas, alrededor de la mitad de la población local de la época. Perú había abolido la esclavitud en su territorio y buscaba mano de obra fuera de sus fronteras. Al año siguiente los esclavos son liberados, gracias a la fuerte presión internacional, pero sólo 12 rapanui de 1.500 vuelven a la isla. El resto fue exterminado por la fatiga de los trabajos forzados y  enfermedades como tuberculosis y disentería. En menos de dos siglos la población de la isla cayó de 12.000 en el siglo XVII a 111 en 1877.

En 1864, llegan a Rapa Nui los primeros misioneros cristianos que inician una campaña masiva de conversión e imponen el fin de rituales como la ceremonia del hombre pájaro.

En 1887 el primer barco chileno, el Colo Colo llega a Rapa Nui seguido de una segunda expedición en 1888 guiada por Policarpo Toro quien trajo consigo un tratado escrito sólo en español (idioma desconocido en la isla en esa época) para que lo firmase el rey de Rapa Nui, quien firma sin entender que estaba formalmente anexionando su reino al estado chileno. Desde ese momento, la isla pasa a ser territorio chileno pero no se reconocerá la nacionalidad chilena a sus habitantes hasta 1966.

Desde 1897 los habitantes de Rapa Nui han sido confinados en la aldea de Hanga Roa porque Chile alquiló el resto de la isla (casi el 90%) a la compañía privada escocesa Williamson-Balfour como pasto para las ovejas hasta 1953.

En 1966 la población local recupera el permiso para acceder al restante 90% de la isla pero, viendo la posición estratégica en los tiempos de la guerra fría, la gestión de Rapa Nui viene confiada a la marina militar chilena y usada como estación de espionaje de los Estados Unidos.

El acceso al territorio no significa que los rapanui puedan gestionar su tierra, de hecho, sólo una mínima parte de la isla es consignada a la población local para uso agro-pastoral. Desde 1973, la isla entera, ya parque nacional desde 1936, es dada  “en uso gratuito” a la CONAF (Corporación Nacional Forestal), una compañía privada dependiente del ministerio de Agricultura cuya principal misión es la protección y gestión de los bosques chilenos.

En 1980 la pista del aeropuerto internacional de Mataveri fue alargada para permitir el aumento del tráfico aéreo a la isla con el consiguiente crecimiento del turismo y del número de chilenos de tierra firme que quieren vivir y hacer negocios en Rapa Nui.

Factores que complican ulteriormente la ya delicada situación relativa a la propiedad de la tierra, objeto de fuertes tensiones políticas con parte de la población local que reclama una gestión comunitaria del territorio, que aloja los más importantes sitios religiosos, históricos y culturales de la isla, contra la privatización decidida por el gobierno nacional sin ninguna consulta a los rapanui.

En 2001 nace el Parlamento de Rapa Nui, organización política y cultural creada por voluntad de la población indígena de la isla con la intención de recuperar los territorios ancestrales, revisar el Tratado de anexión de 1888 y regular el flujo de los inmigrantes chilenos procedentes del continente.

 

En 2007 una reforma constitucional reconoce a la isla el “estatuto especial”, la isla se convierte en municipio y provincia al mismo tiempo con la consiguiente elección de cargos políticos. La autonomía permanece muy limitada ya que la provincia de Rapa Nui queda bajo la administración de la región de Valparaíso, en el continente, a más de 3.000 km de distancia. Una concesión parcial que no satisface al pueblo Rapanui.

En agosto de 2010 miembros del clan indígena de los Hitorangi ocupan el resort Hangaroa Eco Village & Spa. Según los ocupantes, el terreno había sido adquirido en 1990 por el gobierno dictatorial de Pinochet violando los acuerdos entre Chile y Rapa Nui y sustraído con engaños a sus antepasados. Otras zonas fueron ocupadas por el clan Tuko Tuki que reclamaban la propiedad de la tierra. La ocupación acabó con enfrentamientos con la policía chilena y 25 ocupantes heridos por proyectiles de goma. La violencia ejercida por las fuerzas del orden chilenas frente a la población de Rapanui ha sido sancionada por la Comisión Interamericana por los Derechos Humanos CIDH.

Cuando llegamos al aeropuerto de Hanga Roa, un agente de la CONAF nos entrega un folleto que nos informa que el pago de la tasa de ingreso al Parque Nacional de Rapa Nui ha sido momentáneamente suspendido y que cualquier intento de recaudación de impuestos debe ser comunicado a las autoridades competentes.

Una de las primeras cosas que hacemos es visitar la sede del Parlamento de Rapa Nui para entender mejor lo que está sucediendo. Encontramos a Leviante Araki, presidente del Parlamento, quien nos explica mejor los hechos que habíamos leído en los periódicos los días precedentes. El 15 de agosto 2015, Mario Tuki y él, fueron arrestados por haber impedido el acceso al área ceremonial de Orongo a un grupo de turistas que no habían querido pagar la entrada al Parlamento de Rapa Nui. Después del arresto, agentes de policía llegaron a la sede del parlamento para confiscar los billetes y los recibos de pago de entrada al Parque, a esto se opusieron los representantes del parlamento ya que no había ninguna orden escrita por parte del ministerio público. En respuesta, el Ministerio del Interior chileno cerró el parlamento de Rapa Nui y desplegó las fuerzas del orden para evitar que se repitiesen episodios similares. Una represión injustificada que podría llevar al gobierno de Santiago a recibir nuevas sanciones por parte de la CIDH como protección de la población de Rapa Nui.

Leviante explica que el Parlamento está reorganizando la gestión de la tierra de la isla según la antigua división con la que el rey Hotu Matu’a había asignado una parte a cada uno de los 18 clanes y contemporáneamente está proyectando cómo mejorar la autogestión de los varios sitos arqueológicos. Explica el Presidente que no existe ningún motivo para que un ente como el CONAF, cuya misión es la protección de las áreas forestales, deba gestionar los sitos arqueológico de Rapa Nui y sus ingresos, alrededor de 3,6 millones de dólares, procedentes de las entradas al Parque Nacional, casi 90.000 visitantes en 2012.

Según el Parlamento de Rapa Nui, Chile se niega a reconocer algunos hechos indiscutibles: lo primero, que la isla es de hecho una colonia ya que posee los estándares indicados en las resoluciones 1514 y 1541 de las naciones Unidas3. En segundo lugar, que la isla es una realidad geopolítica de la que el estado chileno está distante más de 4.000 km y, por último, que el estado jurídico especial reconocido en la “ley Pascua” no responde a las necesidades del territorio y de las poblaciones locales.

 

Unido al movimiento independentista de las otras islas polinesias, el Parlamento está en continua contraposición con el gobierno chileno del que busca la independencia. Leviante explica que a pesar de los ingresos registrados por el gobierno chileno gracias al turismo de la isla, los servicios como el hospital, la escuela, las estructuras deportivas se han obtenido gracias  a las fuertes peticiones por parte del Parlamento de Rapa Nui, que ha sido capaz también de resistir al cortejo de las grandes empresas del turismo y a sus proyectos de construcción de resort de lujo que habrían alterado y estropeado la belleza de la isla además de su delicado equilibrio social y ecológico.

La población rapanui cree que ha llegado el momento de recuperar la propia tierra, las propias tradiciones, de hablar la propia lengua y gestionar el propio territorio. La independencia no parece cercana. Parece difícil dejar ir al ombligo del mundo, que todos creen lejano del resto. La historia sin embargo, ha demostrado como la pequeña Rapa Nui ha representado o representa el centro de los intereses de muchos. Por el momento la cuestión de la gestión de los sitos arqueológicos está suspendida. El 25 de octubre está programada una consulta en la que el gobierno chileno, CONAF y la CODEIPA (comisión por el desarrollo de la isla de Pascua) se encontrarán para “implicar mayormente a la población rapanui en la gestión del parque nacional de la isla de Pascua”. Una vez más, una visión “desde la otra parte”, jerárquica y paternalista, que no reconoce la centralidad y la soberanía del pueblo rapanui.

Una visión que esperamos pueda cambiar, como esperamos que los próximos encuentros puedan ser el punto de inicio de un proceso que llevará a los rapanui a reapropiarse de su propia tierra y de sus propias raíces, las de la civilización del ombligo del mundo.

https://www.youtube.com/watch?v=U7F-WLqjsFU

https://www.youtube.com/watch?v=2-9xclgNGqE

https://www.culturalsurvival.org/news/fighting-survival-easter-island

Chile: La dictadura de las multinacionales peor que los terremotos y tsunamis

Cabello largo y ojos azules, sinceros y tristes, Tomás Gonzales, unos 30 años, admite tímidamente: “Tengo miedo que muera mi torrente, el rio Maipo, reducido a un riachuelo todo el año en vez de ser un torrente siempre vivo, que cambia continuamente. Tengo miedo porque tendría que irme y dejar mi familia que, sin embargo, de allí no podrá moverse”. Chile, un país del que se oye hablar a menudo por terremotos y tsunamis, además de por la terrible dictadura que lo ha sofocado entre 1973 y 1990, afronta diariamente y lejos del clamor mediático, una labor sistemática de saqueo del subsuelo, contaminación ambiental y destrucción de ecosistemas únicos en el mundo. En fin, el verdadero terremoto es el hombre y el verdadero tsunami es la explotación salvaje de los recursos naturales, todo, bajo la “dictadura sutil” de grandes grupos empresariales, chilenos y extranjeros.

En Santiago de Chile, además de a Tomás Gonzales, activista de la organización comunitaria llamada Coordinadora Ciudadana Ríos del Maipo, hemos encontrado también a Sara Larraín, directora de la ONG ambientalista Chile Sustentable y a Francisca, Mafalda y Miriam. Algunas de las mujeres de ANAMURI, la Asociación Nacional Mujeres Rurales e Indígenas, que lucha por la soberanía alimentaria y los derechos de los campesinos.

Sara Larraín nos cuenta que el agua de Chile está casi completamente en manos privadas: “El agua ha sido privatizada, no en el período de la dictadura sino en el período de la transición “democrática” de los años 90, años en los que el agua fue comprada por empresas de capital extranjero como la Suez, que posee el 40% del agua del país, el fondo de inversión canadiense Ontario Teachers Pension Plan y las japonesas Marubeni y Mitsubishi que ahora aspiran a obtener hasta el 20% del agua chilena”.

Sara nos explica como la intensa actividad de extracción minera representa un serio riesgo ambiental para el país. Por ejemplo, la Barrick Gold*, la compañía más grande de extracción de oro del mundo, presente en Chile con la mina de Pascua Lama (oro y plata) y de Zaldívar (cobre) está destruyendo preciosísimos glaciales en la zona del desierto de Atacama, una de las zonas más áridas del planeta, donde el hielo representa la única fuente de agua dulce. La empresa pública CODELCO, que se ocupa de la extracción de cobre, está sin embargo expandiendo las propias operaciones con el proyecto Andina 244 (Chile central) y con el proyecto Teniente, en la región de O’Higgins (Chile meridional), multiplicando los factores de riesgo para el subsuelo y los cursos de agua chilenos. Una situación confirmada también por Tomás, nacido y criado en el valle andino de la cuenca del río Maipo, de cuyas aguas se aprovisiona el acueducto de Santiago y donde se está construyendo una de las más grandes presas hidroeléctricas del país.

Tomás nos cuenta apasionadamente: “La cuenca del Maipo es un ambiente frágil y no protegido por el Estado, donde se encuentran muchas actividades mineras, presas hidroeléctricas y agricultura convencional altamente contaminante. El proyecto de la presa del Alto Maipo es un enorme túnel de 70 km de un diámetro de 6 a 8 metros que secará el 90% de las aguas de los 3 ríos de la cuenca del Maipo: Volcán, Yeso y Colorado, dejando el río con sólo el 10% de su caudal actual por más de 100km. Están implicadas empresas transnacionales como la AES (USA) que ha obtenido el permiso de modo irregular y ha encontrado un partner necesario nacional como el grupo Luksic (accionista al 40%), una de las familias más ricas de Chile que financia todos los partidos políticos chilenos. El resto del consorcio que financia el restante 60% está compuesto por: Inter-American Development Bank, International Finance Corporation, Corpbanca, Banco de Crédito e Inversiones, Banco Itaú (Brasil), Banco del Estado de Chile, KfW Ipex-Bank GmbH y DNB Bank ASA. Al principio el proyecto había sido presentado diciendo que el objetivo era proporcionar electricidad a Santiago, mientras que después se ha ido cambiando el fin para apoyar la expansión minera en la IV región donde el grupo Luksic tiene importantes intereses económicos. Como ingeniero, Tomás subraya también que: “La central produciría mucha menos corriente de la programada porque han usado registros del caudal del río de hace 50 años cuando las lluvias eran mucho más abundantes. De los 530 KW programados, la central en realidad podría producir sólo 190KW de los que 128 serían dedicados a la extracción minera”.

El proyecto de la presa del Alto Maipo se inició el año pasado y ya se está excavando el túnel.  El estudio sobre el impacto ambiental no ha tenido en cuenta lo que sucederá con los glaciales y aguas superficiales durante la excavación y una vez que el túnel se haya acabado. El ambiente de la cuenca del Maipo es muy complicado y rico, aloja numerosas maravillas naturales, sitios históricos y arqueológicos y fuentes naturales pobladas por una fauna única en el mundo. Tristemente, como nos cuenta Tomás: “Ya hay un fuerte impacto social por el aumento de la prostitución, del abuso de alcohol y drogas unido a la presencia  de más de 2.000 trabajadores de las empresas vinculadas al proyecto hidroeléctrico”. El mismo panorama que dibujan también las mujeres de ANAMURI, las cuales subrayan como a menudo los proyectos mineros llevan como consecuencia indirecta el aumento del alcoholismo, violencia sobre las mujeres, prostitución y abuso de drogas que generan disgregación de las comunidades locales y tensiones sociales entre locales e inmigrantes por derecho al trabajo y la casa.

También la agricultura convencional, con el uso de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, todos químicos, contribuye a empeorar las condiciones socio-ambientales chilenas, según ANAMURI: “La revolución verde ha impuesto en Chile el monocultivo para la exportación de uva de vino, frutas y hortalizas, provocando la pérdida de diversidad de culturas y el endeudamiento de los pequeños campesinos que han intentado satisfacer el mercado. Los pequeños agricultores están , sin embargo, más interesados en producir hortalizas varias para alimentar a la propia familia y en caso de extra, vender a las comunidades locales, antes que competir con las grandes empresas que es además imposible” y siguen: “Chile no posee grandes extensiones de plantaciones de soja como Argentina, Uruguay y Bolivia. Nos hemos salvado de esto porque no hay grandes espacios pero, de todos modos, la producción agrícola ha cambiado: por ejemplo ya no se cultivan el trigo o las legumbres sino que se importan con una consecuente y progresiva pérdida de la soberanía alimentaria y un fuerte empeoramiento de las condiciones de vida de los campesinos”.

Por suerte, ante este panorama dramático, como de frente a los muchos terremotos que han golpeado el país y a la cruel dictadura de Pinochet, los chilenos se movilizan y reaccionan.

Sara Larraín, nos cuenta la historia de Chile Sustentable, la ONG de la que es directora. La organización nace a finales de los años 90 de la desilusión hacia las políticas del período post-dictadura y propone enseguida un paquete de medidas para una transición hacia un Chile más igualitario, sostenible, solidario y democrático, un conjunto de políticas ambientales, energéticas y sociales para superar el modelo neoliberal. La agenda de Chile Sustentable es el fruto de las peticiones de un movimiento social que quería y quiere un Chile diferente, que propone análisis sobre problemáticas como agua, energía y biodiversidad y trabaja en colaboración con muchas organizaciones de la sociedad civil chilena implicando a la base de forma participativa.

En este momento el objetivo más inmediato es hacer aprobar un nuevo proyecto de ley sobre el agua que dé prioridad a los usos sanitarios, agrícolas y de conservación del ecosistema respecto a los usos industriales. Además, Chile Sustentable, está luchando también para proteger las concesiones de agua potable rural, las únicas que aun conservan una gestión pública y comunitaria del agua. En Chile, a pesar de la privatización, hay todavía 2.000 organizaciones público-comunitarias para la gestión del agua, tanto pequeñas, que sirven a 150 personas, como medias, que sirven hasta 8.000 personas. Dice Sara: “Queremos proteger su área de operaciones de la expansión de la gestión privada que de las ciudades avanza hacia el campo”. Con los años la organización ha obtenido varios éxitos como el reconocimiento del agua como derecho humano en la legislación nacional a través de un gran trabajo de movilización popular, marchas y coordinaciones territoriales apoyadas por una extensa red informativa.

Sara Larraín es sin embargo consciente que el trabajo de Chile Sustentable tiene límites debido a la constitución nacional aprobada bajo la dictadura: “El trabajo actual se limita a corregir algunas distorsiones brutales del sistema pero para un cambio radical es necesario cambiar la constitución, sin cambio constitucional el agua quedará en manos privadas” y sigue: “Estos pequeños cambios legales reducen la pobreza y la sobre explotación pero no son suficientes, de hecho, formamos también parte de una coalición para pedir una nueva constitución. En el futuro debemos ir más allá de los movimientos sociales e implicar a los sindicatos en la lucha por una nueva constitución y alcanzar más grupos territoriales, especialmente en las zonas populares y rurales, no basta un movimiento ciudadano urbano”.

Desde el punto de vista agrícola las mujeres de ANAMURI (Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas) nos explican que: “La FAO y el resto de las Naciones Unidas quieren garantizar la seguridad alimentaria, o sea, la capacidad de adquirir alimento suficiente mientras que nosotros queremos asegurar la capacidad de producir alimento autónomamente. Para nosotros no es un problema de seguridad sino de soberanía alimentaria. Para ANAMURI, la soberanía alimentaria ha dejado de ser un concepto en contraposición a la seguridad alimentaria, se ha convertido en un principio  que debemos sostener, defender y que no se negocia”. Para ANAMURI defender la soberanía alimentaria significa sobre todo defender las semillas, en particular sus variedades autóctonas, y también luchar por el salario de los trabajadores estacionales y por una reforma agraria radical que devuelva la tierra sustraída a los campesinos (y entregada a las grandes empresas) durante el período de la dictadura de Pinochet.

Por esto también, según ANAMURI es necesaria una nueva constitución para atajar de raíz los problemas de muchos sectores: agricultura, agua, salud, educación, seguridad social, etc. Mientras tanto, ANAMURI favorece el encuentro de personas marginadas, el intercambio de semillas y el conocimiento entre pequeños agricultores, y en el futuro gestionará también un pequeño instituto de formación para promover la agro-ecología y las semillas nativas en colaboración con varias instituciones públicas como el Instituto Nacional de Investigación Agraria. Las mujeres de ANAMURI se despiden con un mensaje: “La agro-ecología debe encontrar su espacio propio en la agricultura campesina que debe alimentar a las personas. La gente debe comer y no tomar píldoras como pretenden las empresas farmacéuticas y las grandes empresas del agrobusiness. Hierro y vitaminas los encontramos en nuestra fruta y verdura no en las pastillas o el arroz dorado. El poder corporativo es un monstruo que no se puede eliminar pero la gente debe reunirse alrededor de una propuesta alternativa que nos permita sobrevivir y decidir lo que queremos sembrar, cómo queremos cultivar y qué queremos comer. No queremos paquetes tecnológicos de semillas, herbicidas y pesticidas, queremos seguir comiendo tomates que sepan a tomate y melocotones que sepan a melocotón”.

A propósito de la resistencia ofrecida en campo por la Coordinadora ciudadana ríos del Maipo, Tomás nos dice: “Somos una pequeña bola de nieve que está tomando cada vez más fuerza, cada día hay gente que se une a nosotros. Hemos combatido por vías judiciales pero por inexperiencia hemos perdido. Ahora la estrategia es denunciar cada violación de la empresa  para hacerles obtener tantas multas por parte de la superintendencia ambiental que acabe por pararles el proyecto. Además estamos pidiendo un nuevo estudio de impacto ambiental que demuestre que el proyecto es altamente contaminante y dañino para el ambiente y las personas que viven en la cuenca. También hemos organizado marchas de protesta para llamar la atención de la opinión pública, tenemos un equipo de comunicación que funciona muy bien y tenemos muchos seguidores gracias a un buen uso de las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram”.

También el mensaje de Tomás es un mensaje de esperanza: “En Chile seguimos mirando hacia adelante, luchando por la justicia ambiental que defienda el territorio, las comunidades y el ambiente de grupos empresariales y potencias económicas como Luksic. La gente se está despertando, las cosas cambiarán, esperemos que tengamos una nueva constitución pronto que proteja la naturaleza de ser vendida a las multinacionales. Seguimos enseñando, compartiendo, educando a los niños porque esto también es muy importante. La única batalla que se pierde es la que se abandona”. También nosotros creemos que es así y deseamos a nuestros amigos Sara, Tomás, Francisca, Mafalda y Miriam y a todo el pueblo chileno que vean pronto realizado el país que anhelan.

*Barrick Gold ha declarado en 2014 unas ganancias anuales de unos 10.000 millones de dólares, equivalente al PIB de países como Nicaragua, Armenia o Madagascar.

*El 13 de septiembre de 2015 Barrick Gold ha sido declarada responsable del vertido de 1.000.000 de metros cúbicos de agua cianurada en su mina cercana a San Juan en Argentina. Ver (en español): http://www.infobae.com/2015/09/23/1757554-barrick-gold-reconocio-que-derramo-mas-un-millon-litros-solucion-cianurada

*Enlace de la mina de Pascua Lama: https://es.wikipedia.org/wiki/Pascua_Lama

El Uruguay de Mújica: ¿Un país agro-inteligente?

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Mújica es el  mejor Presidente que podíamos tener” dice Pablo, “todos conocen el bonito discurso hecho en Rio en 2012,  pero después cuando se trata de tomar decisiones en casa es otra cosa”. En Uruguay, entre los años 2000 y 2011, con gobiernos “de izquierda”, desaparecieron de hecho el 40% de los pequeños agricultores y el 20% de los pequeños-medianos a causa de la rapidísima concentración de la propiedad de la tierra en manos de inversores extranjeros. Las políticas públicas para sostener la agricultura familiar son débiles y casi inconsistentes frente a la prioridad de un Estado que quiere promover el agrobusiness y que favorece a las grandes inversiones de capital extranjero.

Pablo es Pablo Galeano, agrónomo, agricultor biológico, docente en la Facultad de Química de Montevideo que colabora con REDES (Red de Ecología Social) por la cual está siguiendo de cerca los temas relacionados con la biotecnología, las OGM y las políticas agropecuarias nacionales.

REDES es una red ecologista uruguaya nacida en 1988 e inspirada en la teoría de la ecología social de Leonardo Boff, centrada en desarrollar y promover transformaciones sociales que contribuyan a mejorar el cuidado de los recursos naturales en equilibrio con las necesidades de los seres humanos. REDES es también miembro de la federación internacional Friends of Earth (Amigos de la Tierra) presente en 75 países con más de 2 millones de miembros y partidarios.

“Pepe” Mújica, de Presidente se ha hecho defensor de una narrativa por la cual las preocupaciones ambientales son fruto de la propaganda occidental para contrarrestar el crecimiento de América Latina y es un fuerte partidario del transgénico como solución práctica para producir más alimento y resolver el problema del hambre. Mújica parece prever una fase de dependencia de las multinacionales que desarrollan y venden las semillas genéticamente modificadas para después desvincularse en un segundo momento. “Una pura ilusión,  una peligrosa ilusión” dice Pablo, quien sigue: “Las empresas del agrobusiness quieren hacer lo mismo que las empresas farmacéuticas hacen con los fármacos, o sea, hacer dinero con las patentes”. Estas empresas, BASF, Bayer, Dupont, Dow Chemical, Monsanto y Syngenta, conocidas como  “las 6 grandes del agrobusiness” se ven como paladines de la lucha contra el hambre en el mundo pero en realidad, como cada empresa, tienen como objetivo último generar ganancias y lo hacen vendiendo herbicidas y pesticidas cancerígenos y semillas genéticamente modificadas de las que no se conocen los efectos sobre el hombre y sobre el ambiente pero que seguramente destruyen culturas agrícolas milenarias.

En realidad, las empresas no son las únicas que están desarrollando semillas genéticamente modificadas. Hay fundaciones, como la Fundación Bill y Melinda Gates, que incluyen en sus proyectos la introducción de OGM, en el citado caso un proyecto sobre el arroz dorado que pretende integrar el betacaroteno en el arroz. La cuestión más o menos es así: como los pobres pueden permitirse sólo un puñado de arroz, entonces dejemos que continúen pobres sin resolver el problema de la pobreza, que significaría atacar las injusticias de la sociedad actual, sino que pongamos betacaroteno en el arroz y así al menos no se volverán ciegos. Una invención inútil, porque para tener suficiente vitamina A bastaría que las personas tuvieran una dieta variada teniendo acceso suficiente a: leche, huevos, hígado y verduras como zanahorias, tomates, espinacas y pimientos.

Los resultados de los cultivos de plantas genéticamente modificadas son diversos de los que nos cuentan las empresas del agrobusiness. Dice Pablo: “En 20 años de agricultura transgénica en América Latina el único resultado que hemos tenido es: pérdida de la biodiversidad, uso masivo de herbicidas químicos y toxinas BT thuringiensis.

En tiempos de cambio climático es fundamental tener acceso a diversas variedades de semillas que puedan permitir al hombre producir alimento aunque las condiciones ambientales varíen rápidamente. La variedad genética de las semillas se crea desde hace milenios con el intercambio de semillas entre campesinos. Esta práctica milenaria viene puesta en peligro por el uso de OGM y por las políticas del gobierno: los gigantes del agrobusiness querrían sustituir una práctica cultural milenaria con la ingeniería genética (y ganar dinero encima). Por ejemplo, en los años 90 en Uruguay había 7 variedades de maíz que se pueden perder rápidamente: hoy en Uruguay el 90% de la producción de maíz es genéticamente modificado y está contaminando al tradicional.

Uruguay ha sido descrito en muchos artículos de periódicos internacionales, y recientemente también en la EXPO de Milán, como un país agro-inteligente. La agricultura agro-inteligente (en inglés smart agriculture, promovida también por la FAO) apunta a usar los últimos descubrimientos científicos en agricultura como el control por satélite de las áreas cultivadas, la irrigación de precisión, la trazabilidad electrónica de las cabezas de ganado: algunas seguramente positivas, otras dañinas a largo plazo para el hombre y el ambiente. Pablo comenta: “Observando los datos, se nota como la agricultura no es para nada inteligente, porque tenemos problemas ambientales graves, siempre hay menos agricultores que vivan en el campo. Es verdad que el agrobusiness mueve mucho dinero pero las consecuencias que deja son: despoblación de las áreas rurales (con migración a las ciudades) y venta o alquiler de las tierras cultivables. Uruguay importa todos los productos químicos para el cultivo, herramientas, maquinarias y semillas por lo que hay poco de inteligente en la agricultura uruguaya”.

El sistema actual captura capitales financieros internacionales a través de los fondos de inversión europeos y estadounidenses que alquilan terrenos agrícolas y subcontratan el resto: preparación, siembra, cultivo y cosecha, prometiendo una renta financiera a los inversores. Normalmente este tipo de inversiones agrícolas escoge la soja genéticamente modificada (RR o RR2 de la Monsanto) que hasta ahora aseguraba notables ganancias. Continua Pablo: “El cultivo de la soja está basado en una altísima mecanización, o sea, agricultura sin campesinos, siembra directa, glifosato (notoriamente cancerígeno) para destruir las plantas y soja transgénica resistente al glifosato. El glifosato además de ser muy tóxico restablece la cobertura del terreno, la soja consume más nitrógeno de lo que fijas  y la acción de estos dos factores lleva a un fuerte deterioro del suelo”.

Además, insiste Pablo:” En los últimos 10 años se ha cuadriplicado en Uruguay la superficie agrícola pero la importación de productos agroquímicos se ha multiplicado por 6. La tecnología no está para nada ayudando a crear una agricultura sostenible, al contrario, Uruguay está afrontando un problema grave de eutrofización del agua debido sobre todo al uso de fertilizantes químicos a base de fósforo. El capitalismo tiene ciclos. Ha habido el ciclo del alto precio de algunas commodity que se producían en América latina, un ciclo al final del cual el capital se irá dejando una gran pérdida en los países latinoamericanos a base de suelos empobrecidos, campesinos sin tierra, agua contaminada, semillas contaminadas por los OGM y carreteras destruidas. Daños que el gobierno deberá resolver con el dinero de los ciudadanos, ya que las empresas internacionales pagan poquísimos impuestos en el país”.

¿Os parece Uruguay agro inteligente? A nosotros no.

En este cuadro tan poco reconfortante REDES está llevando adelante un trabajo difícil pero importante: desarrolla y promueve formas alternativas de desarrollo basadas en un modelo agroecológico y sostenible, acompañado de un notable esfuerzo comunicativo como radio Mundo Real, una radio vía web en colaboración con La Vía campesina. Otras iniciativas se refieren sin embargo a la protección de la biodiversidad de las semillas a través de la coordinación de la Red Nacional de semillas indígenas y criollas, la organización de la de la fiesta anual de las semillas y de la agricultura familiar para favorecer la valorización de las semillas locales, dar visibilidad a las semillas y a los productores y promover la agricultura familiar. REDES pretende generar un debate sobre estos temas de manera seria y documentada con datos oficiales, demostrando los hechos, discutiendo los pros y contras de los OGM. Además REDES quiere generar las condiciones para que las familias que vivan en el  campo continúen viviendo allí (y bien). Los pequeños agricultores se consideran ineficientes y según la mayor parte de los políticos deberían dejar el campo y mudarse a la ciudad y dejar a las empresas producir alimento. La iniciativa más reciente es la creación de un plan nacional de agricultura ecológica que Uruguay no tiene y que REDES está desarrollando en colaboración con agricultores, académicos, agrónomos y en diálogo constante con el gobierno. Pablo sostiene que por suerte, la agricultura orgánica en Uruguay está creciendo porque se propone como una verdadera alternativa al alimento producido por las multinacionales, mientras la pequeña agricultura convencional basada en el uso de herbicidas y fertilizantes químicos está desapareciendo.

Es un camino cuesta arriba para Uruguay y su tierra saqueada y desfigurada por el capital internacional y la continua búsqueda del provecho, pero hay soluciones y REDES es una pequeña pero luminosa esperanza para el futuro.

www.leonardoboff.com

*Es importante recordar que desde el 2014 Amigos de la Tierra no forma parte de la federación internacional por haber ido contra la visión, la misión y los objetivos internacionales de la federación y por acuerdos con empresas que promueven energías no renovables y contaminantes.

BOLIVIA – Cochabamba: no al agua privada, sí a la vida

Esta es la historia de una guerra, una guerra entre un pueblo y una élite político-económica, una guerra entre quien considera el agua un bien común y natural y quien la considera un bien privado comerciable. Esta es la historia de la guerra del agua de Cochabamba, en Bolivia, ocurrida entre noviembre de 1999 y abril de 2000, contada por quien la ha vivido en primera persona: Oscar Olivera, portavoz de la Coordinadora de Defensa del agua y de la vida, una red de movimientos ciudadanos protagonista de la victoriosa lucha contra la privatización del agua de Cochabamba.

Todo inicia con las reformas neo-liberales del ajuste estructural de los años ’80. En Bolivia, como en muchas otras partes del mundo, bajo la guía del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, inicia un proceso de privatización de los recursos naturales y de los servicios, hasta entonces públicos. La mayor parte de los contratos vienen adjudicados a grandes empresas transnacionales controladas por capital extranjero.

En 1999 se aprueba la privatización del agua de Cochabamba, el consorcio ganador del contrato es el consorcio Aguas del Tunari (nombre de un rio que pasa por la zona) formado principalmente por las empresas transnacionales Edison (italiana), Abengoa (española) y Bechtel (USA). El contrato incluso consideraba ilegal recoger el agua de lluvia sin la autorización del consorcio.

Los primeros en movilizarse contra la privatización son los indígenas migrantes, que de las zonas rurales se habían transferido a la ciudad, y los comités ciudadanos por el agua de las zonas aun no abastecidas por el acueducto. Para estas miles de personas la privatización del agua era un concepto ajeno y en un tiempo breve habían desarrollado su propio sistema-agua basado en costumbres campesinas y prácticas indígenas ancestrales profundamente radicadas en la cultura y visión del cosmos. Para los indígenas andinos, principalmente quechuas y aymaras, el agua es un bien colectivo y el hombre parte de un todo que sin agua no puede funcionar.

Como dice Oscar Olivera: “La privatización es un atentado hacia una forma de convivencia social que se había creado en torno al agua”, una intervención inútil y dañosa en un sector gestionado por la gente y para la gente para introducir un servicio no necesario controlado por una empresa extranjera. La lucha por el agua implicó a todas las capas de la población tanto urbana como rural, las tarifas del agua aumentaron de tal modo que las familias debían decidir si pagaban el agua o comían: el agua suponía alrededor del 20% del balance familiar, contradiciendo las propias normas de la Organización Mundial de la Salud que recomiendan no superar la barrera del 2%.

La guerra del agua representa un momento de ruptura muy fuerte. Ruptura hacia la política de expoliación del país, ruptura política hacia un modelo antidemocrático en el que unos pocos, ricos y potentes, deciden el futuro sin consultar a la gente. La guerra del agua es “una guerra para decidir el futuro del agua como elemento fundamental para la reproducción de la vida”, según la definición de Oscar, quien continua. “Como trabajador del calzado, veía producir 10.000 zapatos al día. Para el ciclo productivo de cada par de zapatos se necesitan alrededor de 8.000 litros de agua, desde la cría del ganado al producto acabado. Mientras que, fuera de los muros de la fábrica, la gente no tenia agua para vivir, dentro, había suficiente para vender zapatos. Esto cambió mi vida, mi modo de ver las cosas”.

A partir de noviembre de 1999 Cochabamba presencia una movilización popular en continuo crecimiento, que culminará en febrero de 2000 con la ocupación de la plaza principal de Cochabamba. Se utilizan instrumentos de protesta no-violentos como quemar las facturas del agua, acción que, sin embargo, el gobierno consideró criminal porque preveía la destrucción de documentos oficiales. Pero en ese momento, nos cuenta Oscar: “La gente perdió el miedo y miles de personas quemaron sus facturas en una única hoguera en la plaza de Cochabamba”.

El 26 de marzo se produce un referéndum popular autoconvocado y el 4 de abril la Coordinadora del agua lanza la movilización final de la guerra del agua: ocupar la ciudad. Entre el 4 y el 11 de abril la ciudad cae en el caos con los manifestantes que se defendían de la policía con piedras, palos, bombas artesanales de guindilla y molotov. El 7 de abril la policía recibe la orden de encontrar y disparar al líder de la Coordinadora. Se producen registros en las casas de los activistas y en casa de Oscar, en su ausencia, suceden unos disparos que dejarán huellas profundas en la vida de la madre, quien, sin embargo, le incita a seguir y no abandonar. El gobierno recurre a todo lo posible para debilitar la protesta popular y apagar la revuelta: transporta refuerzos de otras regiones del país, declara el estado de asedio, utiliza perros para agredir a los manifestantes, se despliegan francotiradores de uniforme y también de paisano, el gobierno corta las líneas telefónicas, la radio, la TV y la electricidad desencadenando una guerra psicológica para crear pánico y desconfianza entre la gente.

En esos días terribles la ciudad se autogestiona: el gobernador regional dimite, el alcalde huye y al final, la policía, perdidos los referentes políticos, tiene que pedir permiso a la gente para salir a la calle, y como dice Oscar: “Cuando a los poderosos les entra el pánico el pueblo ha ganado”.

Se ha ganado la guerra, el pueblo controla la ciudad durante algunos días, incluso los medios de comunicación, el mismo Oscar Olivera admite que la lucha fue más allá de los objetivos originales, que eran principalmente devolver el agua en mano pública y revisar la ley nacional del agua. Es la victoria de un pueblo sin líder que habla a través de 5 portavoces revocables en cualquier momento que a rotación se toman la responsabilidad de hablar en nombre del pueblo en base a las deliberaciones de la asamblea popular convocada de modo permanente.

Como cada guerra también ésta acarreará consecuencias dramáticas: 30 heridos permanentes que perdieron ojos, algunos el uso de las piernas y otros daños permanentes, 5 muertos, uno en Cochabamba, el joven de 17 años Hugo Víctor Daza, y 4 en la ciudad de El Alto, cerca de La Paz en una manifestación que reclamaba los mismos puntos del movimiento de Cochabamba y amenazaba con incendiar la ciudad más grande del país. 30 activistas fueron detenidos, golpeados y deportados al norte del país.

Oscar, 15 años después, no esconde una cierta desilusión a pesar de la victoria: “El pueblo ha expulsado a las multinacionales, ha derrotado a la Bechtel. La empresa del agua se ha municipalizado de nuevo pero la gente no quería exactamente esto, la gente quería continuar y decidir y gestionar el agua. No hemos podido transformar la compañía municipal de gestión del agua en un ente autogestionado por la comunidad de Cochabamba”. La Coordinadora con el tiempo pierde fuerza y unidad, muchos componentes son captados por el gobierno de Evo Morales y este movimiento social autónomo se debilita. Lo que está sucediendo en la Bolivia de 2015 es una “privatización del agua partiendo del Estado” como la describe Oscar, que dice: “El Estado tiende a expropiar la gestión comunitaria del agua y de la vida y ponerla bajo su control, lo que la Bechtel quería hacer en 2000 ahora Morales quiere hacerlo a través del Estado. El objetivo es destruir el poder popular de los comités y de las cooperativas que se encuentran y se hablan y transformar todos en usuarios que pagan la factura del agua y basta”.

A pesar de esto, mirando hacia atrás, Oscar no puede esconder el orgullo por el trabajo de la Coordinadora, una red de movimientos articulada por su sindicato obrero que, superando las barreras del sindicalismo obsoleto, han creado un movimiento potentísimo para defender a los ciudadanos de Cochabamba incluyendo y dando voz a los excluidos: niños, niñas, jóvenes, desempleados y también prostitutas. Durante algunos años la Coordinadora desempeñó un papel nacional porque “la palabra coordinadora para la gente significaba fuerza, historia, legitimidad mientras que para los poderosos significaba terror y pánico y por ello era llamada para resolver problemas que el Estado no había escuchado ni resuelto acompañando y poniendo su propio peso moral a favor de causas desoídas”.

Una red social que creía que el cambio sólo podía llegar a través de la acción de los ciudadanos y no gracias a la guía de los líderes. Oscar sostiene que “el enemigo principal de la gente no es el capitalismo sino el miedo a afrontar una situación y considerar al enemigo invencible. El miedo se pierde recuperando los valores que el capitalismo nos quiere imponer: el individualismo, la apatía, la resignación, pero por suerte podemos eliminarlos a través de una acción colectiva. Para los poderosos no existimos hasta que no nos movemos, no nos movilicemos, por lo tanto, para no resignarnos, para no ser votantes obligados y resignados la única solución es movilizarnos. El poder de cambiar las cosas no está arriba dentro de las instituciones sino que está fuera y abajo, en las manos y el corazón de la gente. La gente a través de esta lucha se reencuentra, se reconoce, recupera la capacidad de convivencia, la confianza reciproca, esto hace perder el miedo, el miedo llega cuando nos sentimos solos”. Para rebatir el concepto Oscar cita a un campesino boliviano que le dijo: “Las luchas de la gente no pueden ser luchas tristes, oscuras, las luchas del pueblo deben ser alegres, creativas, porque si tú estás luchando por un mundo con alegría también la lucha debe ser alegre”. Para concluir nuestro encuentro preguntamos a Oscar Olivera qué mensaje quiere compartir con otros pueblos implicados en la defensa del agua como bien común. “Cuando un pueblo se organiza, se une, se moviliza, es un pueblo que no será derrotado. Esta unidad, esta organización, esta movilización debe partir de la participación plena, de un proceso de generosidad y de compartir experiencias de diversos sectores, del respeto y la transparencia para poder cambiar las condiciones de vida y de trabajo de la gente”. Un mensaje de esperanza de un hombre sencillo pero extraordinario y coherente que ha vivido personalmente momentos difíciles y grandes victorias y que sigue sentándose cada día al lado de quien no tiene voz para escucharlo y ponerse en camino juntos, con alegría y creyendo firmemente que “el pueblo unido jamás será vencido”.

Video para profundizar:

https://www.youtube.com/watch?v=uQ12LB_6STc

https://www.youtube.com/watch?v=SyZTNGITQO0

https://www.youtube.com/watch?v=Of3K5H3U83k

ECUADOR – Ecuador en marcha

La tarde que llegamos a Quito, nuestro taxista nos dice que nos deberá dejar a una cuadra de nuestro hostal porque la calle está bloqueada a causa de una manifestación contra las últimas leyes propuestas por el gobierno sobre la herencia y las ganancias especulativas. Mientras atravesamos la ciudad nos damos cuenta que las calles están tapizadas con imágenes del Santo Padre, cintas blancas y amarillas, carteles de bienvenida por la visita del Papa Francisco. Una ciudad en ebullición a causa de una situación política tensa debida a las últimas decisiones del gobierno de Correa, que mientras tanto, se prepara para recibir al Papa, cuya visita representa la posibilidad para muchos de denunciar las condiciones en las que viven las personas de la periferia y del campo, especialmente las comunidades indígenas. La imagen del país que nos habíamos construido en base a las lecturas y noticias de la prensa y a las informaciones puestas en común durante el mismo Foro Social Mundial, no parece corresponder con lo que estamos viendo con nuestros ojos y con las palabras de las diversas realidades sociales encontradas de Quito a Cuenca.

Desde el principio, sin embargo, parece evidente la fuerte conciencia ambiental y la importante relación que existe entre movilización social y defensa del territorio. “ Ecuador ha tenido una historia diferente a la de los otros países limítrofes” explica Ivonne Yánez de Acción Ecológica “ un país territorialmente pequeño que posee una gran biodiversidad donde no existía rivalidad entre los varios señoríos coloniales debido a la gran disponibilidad de tierra cultivable y la relación con la naturaleza ha sido siempre fundamental para todos los ecuatorianos y, en los últimos 30 años, el movimiento indígena ha dado un gran impulso a esta tendencia, confirmando y reforzando el concepto según el cual no hay separación entre la naturaleza y el hombre, entre el ambiente y las comunidades indígenas”.

Las políticas gubernamentales que han llevado a la firma del Tratado de Libre Comercio con La Unión Europea en diciembre 2014 (que entrará en vigor en 2016), las leyes de reforma agraria y de uso de los recursos del territorio han representado importantes ocasiones de movilización y encuentro de los diversos actores sociales. En 1973, con la aprobación de las leyes de reforma agraria, la comunidad indígena se organiza por primera vez para obtener la propiedad de la tierra y ver reconocido el trabajo desarrollado por ellos en los campos. A partir de los años 70 la comunidades indígenas empiezan a organizarse de manera más estructurada hasta llegar al levantamiento indígena de 1990 donde la comunidad indígena se afirma como el nuevo actor político y sector social de lucha civil, que cumple un papel fundamental en la nueva forma de gobierno y se sitúa como base fundamental del nuevo estado plurinacional. La Constitución Ecuatoriana reconoce oficialmente 14 nacionalidades indígenas, 18 pueblos y 12 lenguas indígenas. En las elecciones de 1996, el movimiento indígena participa con el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik – Nuevo País, con el que quería alentar la participación política de las comunidades, que en 1998 llevó a la elección de 8 miembros al Congreso Nacional de Ecuador. Con el paso de los años, sin embargo, parece que Pachakutik ha perdido el apoyo de la base y por tanto también su peso político en el escenario ecuatoriano.

En 1972 en Colta, provincia del Chimborazo, nace Ecuarunari, movimiento de la nacionalidad kichwa de la Sierra, con el objetivo de defender el derecho a la tierra sobre base regional. Carmen Lozano , dirigente Ecuarunari desde 2013, cuenta la larga resistencia kichwa contra las políticas del gobierno dirigidas a introducir en el país las reglas dictadas por la revolución verde y los sistemas productivos de mercado con la imposición de monocultivos. Explica Carmen. “El gobierno, a través de la revolución verde, ha introducido semillas modificadas, pesticidas y fertilizantes químicos, ha impuesto monocultivos intensivos que van contra el sistema tradicional de producción agrícola y amenaza la preservación de la cosmovisión indígena. Tal tipo de agricultura amenaza la salud de las comunidades, se produce alimento no sano, y el sistema de producción de tipo industrial no respeta los tiempos de la tierra y no permite un trabajo y una gestión colectiva, propia de las comunidades indígenas. De la relación del hombre con la tierra, el conocimiento de las hierbas medicinales, la defensa de las tradiciones, se puede garantizar la soberanía alimentaria, la salud del propio pueblo, la educación de los hijos. El desarrollo nos abre caminos pero nos pide saquear el territorio con proyectos de extracción minera que comprometen la salud del medio ambiente…. Podemos entonces hablar de vivir bien?”

Uno de los proyectos de extracción minera a los que Carmen hace referencia es el proyecto de Quimsacocha, donde Ecuarunari es activo en la defensa del agua de la zona junto a otras organizaciones como la FOA – Federación de Organizaciones del Azuay, activa desde hace 22 años en la Provincia del Azuay, en el sur del pais. “La FOA” explica el presidente Lauro Sigcha “ nace para defender los derechos de las comunidades indígenas y de las comunidades rurales y para afrontar las políticas de asistencialismo del gobierno que no permiten el mejoramiento de las condiciones de vida de dichas comunidades”.

En 2004 en Quimsacocha (literalmente 3 laguna en kichwa), zona donde se encuentran 2 grandes cuencas hidrográficas, la del Jubones que desemboca en el Océano Pacífico y la del Santiago, afluente del rio Amazonas. La canadiense Iamgold inaugura el proyecto de exploración minera con el descubrimiento de yacimientos de oro en el subsuelo que, sin embargo, comprometerían las faldas acuíferas de la zona. De hecho, Quimsacocha, tiene un sistema lacustre de origen glacial que cuenta con unas 30 lagunas y da origen a 3 ríos: El Tarqui y el Yanuncay (zona de la cuenca de Guapondélig) y el río Rircay (zona Giron, San Fernando y Santa Isabel). La FOA toma el mando de la resistencia comunitaria nacida contra el proyecto, organizando acciones de resistencia, marchas, manifestaciones, encuentros, ocupaciones de carreteras y recogiendo consensos para predisponer la primera consulta comunitaria de 2011, proceso en el que el pueblo interroga a las autoridades. Dice Lauro: “Las comunidades se movilizan rápidamente y tenazmente cuando se trata de agua”.

Al inicio también el gobierno se había mostrado contrario al proyecto de extracción minera y había prometido que habría hecho lo posible para bloquearlo, pero con el curso del tiempo el gobierno cambia de posición. En el plan estratégico del gobierno, la zona de Quimsacocha viene indicada con el nombre de Loma Larga para crear confusión, y el gobierno intenta obtener el apoyo de la población al proyecto minero creando consenso en torno a la política extractiva presentándola como instrumento a través del cual los campesinos podrían de verdad mejorar su condición: “en este momento los campesinos están sentados encima de un montón de oro pero viven como mendigos, mientras que la responsabilidad social de los proyectos de extracción minera llevarían a la zona hospitales, escuelas e infraestructuras”.

Las comunidades han reflexionado sobre las ventajas y desventajas del proyecto de extracción minera de Quimsacocha y el impacto de tal intervención sobre las comunidades y sobre el equilibrio ambiental del valle y han decidido luchar por la defensa del agua, fundamental para garantizar la salud de las personas, cultivar, mantener verdes los campos e hidratar a los animales. Sin la presencia de la FOA y el compromiso de las comunidades de San Fernando, Giron, Santa Isabel, Sigsig, Chordeleg, Gualaceo y Quingeo, el proyecto ya se habría puesto en marcha. “En la comunidad de Condor Mirador la resistencia de las comunidades no ha sido bastante decisiva por lo que el proyecto de extracción minera ya se ha iniciado y ahora las comunidades están sufriendo las consecuencias que antes habían infravalorado” dice Lauro.

Por el momento, está en curso un estudio avanzado para valorar el impacto ambiental del proyecto pero el estudio no comprende una especifica sección hidrológica y no ha sido demostrado que el proyecto no provocará una contaminación de las faldas acuíferas de Quimsacocha.

En tal fase, la FOA ha prometido una acción legal para la convocatoria de una segunda consulta popular en la zona de Iron para la que se pide la recogida de 10.000 firmas. La burocracia gubernativa ha ralentizado el proceso tanto que ha empleado 2 años y medio para conceder la autorización y proceder con la consulta popular para convocar después, al cabo de una semana, una contraconsulta, poniendo la cuestión del proyecto de extracción minera desde un punto de vista diferente respecto al de la consulta. En esta última, la formula consultiva rezaba: “¿Estás de acuerdo con el proyecto de extracción minera de Loma Larga?” mientras la pregunta de la contraconsulta era: “¿Estás de acuerdo que el 60% de la riqueza minera sea de propiedad exclusiva de solo algunas zonas de influencia?”.

La confrontación con las instituciones ha sido a menudo duro, con enfrentamientos y arrestos: 3 exponentes del movimiento fueron condenados con la acusación de terrorismo. La movilización de la comunidad para pedir la liberación de los 3 arrestados siguió imponente, tanto que las autoridades decidieron liberar a los acusados después de 8 días de detención.

El compromiso de FAO no se refiere sólo a la defensa del agua pero también la de la tierra y los derechos fundamentales de las comunidades indígenas. Lauro nos habla de la situación de la distribución de la tierra “la tierra no está distribuida equitativamente: el 12% de los propietarios de tierras posee el 80% de la tierra cultivable, mientras el 78% de los productores el 15%. Debido a la falta de tierra cultivable, muchos campesinos dejan el campo y van a la ciudad donde emprenden pequeñas actividades económicas informales, vendiendo tabaco y caramelos. Está claro que el problema de la tierra existe y hay que resolverlo”.

El tema escolástico es otro punto clave de la acción del FOA. En 2012, el país contaba con 22.000 institutos escolásticos, en 2015 el número se ha reducido a 16.000, con el objetivo de llevar el número a 5.700. El gobierno está cerrando las escuelas comunitarias. Después de 1990 las comunidades indígenas decidieron promover la educación intercultural y bilingüe con el fin de rescatar y conservar la cultura y la lengua kichwa , defendiendo los valores comunitarios y de la zona andina, a través de la organización, con la aprobación del Estado, de escuelas comunitarias. Ahora el gobierno ha decidido unificar el sistema educativo para crear las llamadas “escuelas del milenio”, grandes edificios modernos y centralizados, dotados de la más reciente tecnología, donde los enseñantes siguen curricula standard occidental. Los niños son obligados a dejar sus pueblos y trasladarse a la ciudad para estudiar, perdiendo pronto el contacto con la comunidad.

La situación general del país ve un gobierno que está progresivamente perdiendo el apoyo, no sólo de las comunidades indígenas sino también de muchos trabajadores y enseñantes que ven en peligro la propia seguridad social después de la presentación de la ley sobre la herencia y las ganancias especulativas.

Encontramos a Lauro los días en los que la FOA y las otras organizaciones están programando una gran manifestación y una larga marcha, en colaboración con las otras realidades sociales indígenas y no indígenas. Participamos en la manifestación en Cumbe donde por mano alzada se decide la fecha de inicio de la marcha: la primera semana de agosto.

Y tal como se ha decidido, desde el 2 de agosto, fuerzas indígenas, sindicales, asociaciones estudiantiles y ecologistas participan en la marcha “por la vida, la dignidad y la libertad” decidida por CONAIE (Confederación Nacional de los Indígenas de Ecuador) bajo iniciativa de Ecuarunari. La marcha está organizada en 3 columnas que recorrerán 7 provincias del país desde el norte, el sur y de la selva amazónica, para confluir conjuntamente en Quito el 13 de agosto, día en el que se convocará una gran huelga nacional por parte de todos los sindicatos y serán ocupadas pacíficamente las principales calles de la capital.

Un país muy diferente al que pensábamos encontrar, un país que una vez más está buscando su equilibrio y lo hace como siempre marchando y luchando.

CUBA – La revolución cubana, la verde

No, no nos referimos a la revolución de los años ’50 conducida por los jóvenes barbudos Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos, sobre ella ya han escrito, mejor de lo que podríamos hacer nosotros, decenas y decenas de autores. La revolución de la que estamos hablando es más reciente, menos conocida en el extranjero y absolutamente no-violenta, es una revolución verde, ecológica, más bien, si queremos ser exactos: agroecológica. Una revolución gradual, lenta, fatigosa pero extraordinaria por su alcance, el número de personas implicadas y los positivos efectos sobre el sistema agroalimentario de la isla cubana.

Para entender esta revolución silenciosa ocurrida en la isla caribeña en los últimos veinte años hay que dar un paso atrás, a los años ’60, años en los que la revolución política y social estaba tomando forma y se estaba transformando en la más importante, famosa y duradera revolución socialista de la segunda mitad del siglo veinte.

El gobierno guiado por Fidel Castro hereda una situación agraria dominada por el latifundio en la que el 73% de la tierra pertenecía al 9% de la población y alrededor de un cuarto de la superficie de la isla estaba en manos del gran capital extranjero, sobre todo estadounidense. La fértil tierra cubana era destinada principalmente al monocultivo de la caña de azúcar, de tabaco y ganado para exportación. Hasta 1958, este tipo de producción agrícola controlada por oligarcas cubanos y empresas extranjeras, daba como resultado que más de un cubano sobre 3 estuviese desempleado o malempleado (en 1958) por no hablar de la masiva deforestación necesaria para destinar cada vez más tierras a estos productos de exportación.

El 17 de marzo de 1959, a sólo 3 meses de la toma del poder, el nuevo régimen cubano aprueba la primera reforma agraria reduciendo la máxima dimensión de las parcelas a 67 hectáreas, estatalizando la mayor parte de la tierra y redistribuyendo a cooperativas y familias rurales más de 1,2 millones de hectáreas, impulsando la diversificación de los cultivos, invirtiendo enormes sumas de dinero para permitir a los campesinos producir y prestando asistencia técnica para favorecer el proceso de transformación agraria. En 2 años la producción de maíz, judías y patatas (esenciales para la alimentación cubana) creció una media del 25% mientras la de tomates se duplicó, la de huevos creció 6 veces y la de pollos 4. En 1975 el área dedicado a la producción de alimentos para los cubanos era el doble respecto a 1958, el de arroz 4,6 veces mayor y el dedicado a los cítricos 9 veces mayor. En los años ’70 y ’80 también Cuba, como casi todos los otros países (tanto capitalistas como socialistas) experimentó la terrible ilusión de la Revolución Verde (Green Revolution) basada fundamentalmente en la mecanización de la agricultura, irrigación a gran escala, reintroducción del monocultivo pero sobre todo el amplio uso de fertilizantes y pesticidas químicos producidos en el extranjero pero proporcionados a precio de saldo por los estados del bloque socialista y en particular por la Unión Soviética. Como ya se ha establecido a nivel mundial, este tipo de agricultura llevó a un crecimiento inicial de la producción agrícola (a un coste económico muy elevado) para después declinar hacia un lento deterioro en la calidad y cantidad de los productos agrícolas, del suelo y del ambiente en general con pesadas consecuencias en la salud de los trabajadores agrícolas y de los consumidores.

En 1989 cae el muro de Berlín, inicia el desmoronamiento del bloque socialista y la disolución de la Unión Soviética. Los primeros años noventa fueron años difíciles en Cuba, desde hacía 30 años su economía estaba fundada en el mutuo soporte y el intercambio con otros países socialistas que en el curso de pocos meses ya no pueden comprar productos cubanos y tampoco vender a Cuba sus productos. Las importaciones de petróleo caen un 50%, las de fertilizantes y pesticidas más del 80% por no mencionar la imposibilidad de importar alimento a causa de la falta de moneda extranjera. Cae la ilusión de la Revolución Verde pero peligra la entera agricultura cubana y probablemente también la revolución cubana, el régimen está en riesgo. La situación en la isla no es fácil, como nos dice también Fernando Funes Monzote, entrevistado por nosotros en su finca, a las afueras de La Habana: “Los cubanos estaban incluso perdiendo masa corporal”, por primera vez en la Cuba de Fidel la comida escasea, el régimen socialista había permitido a millones de personas acceder a una adecuada alimentación (hasta 1959 la carne era un lujo reservado principalmente a los ricos habitantes de las ciudades) y ahora, a causa de un sistema agroalimentario muy dependiente del extranjero (Cuba importaba en los primeros años ’90 el 57% de las necesidades calóricas nacionales), estas conquistas estaban en riesgo.

Una vez más, los campesinos salvaron la revolución, esa revolución bañada con su sangre rebelde y valerosa de quien no tiene nada que perder. Teniendo que aumentar la producción de alimento sin poder contar con la ayuda externa, el Estado aprueba algunas medidas especiales, formuladas gracias a académicos e investigadores científicos cubanos, para favorecer la producción agrícola soberana: descentralización de la producción, más tierras a los campesinos, mayor flexibilidad de mercado, incentivos de precio a la producción, reorganización de las cooperativas y mayores recursos para la investigación e innovación. La espina dorsal de esta nueva revolución es la Asociación Nacional de los Pequeños Agricultores (ANAP), la cual, en línea con el programa del gobierno se empeña en aumentar la producción agrícola a través de : uso de la tracción animal en lugar de tractores, aumentar el uso de energía renovable (biogás, viento etc..) para disminuir el consumo de carburantes, uso de métodos biológicos para fertilizar los terrenos y controlar los parásitos, reforestación de áreas no cultivadas, mejorar la eficacia de las cooperativas e impulsar la innovación de los métodos agrícolas. Esta primera fase que dura hasta 1997 viene definida como “sustitución de los inputs o entradas” en cuanto que el objetivo principal, en la emergencia era asegurar comida para todos los cubanos sin ayudas externas. Desde 1997 y la introducción de la metodología “campesino a campesino” la agricultura cubana tomará un cariz más decidido hacia la agroecología. La metodología “campesino a campesino” introducida por ANAP lleva a una visión diferente de la agricultura y del campesino, hasta ahora visto como objeto de soporte técnico vertical por parte de expertos agrónomos, con esta nueva metodología el campesino se convierte en protagonista y sujeto activo compartiendo con expertos y otros campesinos sus propios conocimientos, dudas, problemas, innovaciones y soluciones en manera horizontal, participativa y paritaria. Este método es un método para pruebas y errores que se desarrollan sobre el campo, partiendo de pequeñas tentativas, buscando resultados fácilmente conseguibles, con cambios graduales pero constantes. Las ventajas de este método son múltiples, es un método práctico que nace en el campo con los análisis de los problemas y de los recursos locales, es un método que lleva a los campesinos a compartir técnicas, semillas e innovaciones de modo espontáneo y natural a través de encuentros, visitas de intercambio, demostraciones, ferias agrícolas pero también poesías, canciones, bosquejos teatrales y otros soportes audiovisuales, en el fondo, como dicen los miembros de

ANAP, para los campesinos: “Ver y creer”. Esta metodología permite al conocimiento circular y regenerarse en modo infinitamente mayor de cuanto fuese posible con el método clásico de la extensión agrícola. Gracias a ANAP y al método campesino a campesino, los métodos agroecológicos se difunden en pocos años a más de 110.000 familias cubanas (alrededor de 1 de 3) integrando el conocimiento local y tradicional. Los resultados de esta revolución son evidentes ya que la producción agroalimentaria ha vuelto a crecer y ha superado los niveles más altos de la Revolución Verde: 3 veces más judías, 1,5 veces más tubérculos, un 83% más de verduras. Hoy Cuba es una isla con una altísima tasa de soberanía alimentaria que consigue responder a las necesidades de la propia población en gran parte con métodos orgánicos, sin semillas genéticamente modificadas y sostenibles. Además, estudios científicos llevados a cabo a raíz del paso del terrible huracán Sandy, han demostrado como los cultivos basados en métodos agroecológicos han experimentado menos daños y se haya vuelto a los niveles de producción precedentes al huracán en tiempos mucho más rápidos que en los de agricultura agroquímica convencional. Cuba y su revolución campesina, porque está hecha por campesinos para campesinos, verde y agroecológica debería ser redescubierta superando las barreras mentales ideológicas que no nos permiten mirar esta isla de modo neutral. Guste o no, los resultados obtenidos por los campesinos cubanos con el soporte de las instituciones estatales ha conseguido niveles de soberanía alimentaria respetuosa con el ambiente que pocos países en el mundo, y seguramente ninguno en Europa ha conseguido hasta ahora, basta controlar cuanto alimento que compramos cotidianamente ha sido efectivamente producido en Europa y con métodos orgánicos.

CHIAPAS, MEXICO – A los compas zapatistas

A los compas del caracol “Torbellino de nuestras palabras”

A la junta de buen gobierno “Corazón del arcoíris de nuestra esperanza”

Queridos compas,

Ya han pasado un par de semanas desde que Daniela y yo, durante algunos días, visitamos algunas de vuestras comunidades, que como hemos aprendido se llaman “bases de apoyo” pero para nosotros son las” bases de la esperanza”. Hemos leído estos días que el mal gobierno, como vosotros lo llamáis, a través del grupo de pobres comprados a ritmo de pesos sigue obstaculizando vuestro proceso de autonomía, vuestro camino de esperanza y paz, con la intimidación, la violencia y la destrucción material. Esto nos duele pero sabemos que las ideas no mueren y vuestro empeño cotidiano para construir “un mundo que contenga muchos mundos” está más vivo y fuerte que nunca, a pesar de que la hidra del capitalismo esté usando todos los instrumentos a su disposición para obstaculizaros. Sin embargo, sabemos que esta hidra es débil e ineficaz porque está hecha de dinero, mentiras y corrupción mientras vuestros ojos, vuestras voces, vuestras sonrisas hablan de libertad, justicia y dignidad.

El “mandar-obedeciendo”, explicado con frase que en territorio zapatista “el pueblo manda y el gobierno obedece” parece un oxímoron o paradoja  pero no lo es, debería ser más bien una regla básica de la democracia cuando, sin embargo,  muchos gobiernos que se llaman democráticos obedecen más a organismos internacionales sin alma y sin legitimación democrática antes que al propio pueblo porque temen que sus mentiras y los miedos que siembran con sus medios de información antes o después dejen de surtir efecto.

Nos ha sorprendido, agradablemente, saber que vuestros jóvenes representantes, vuestro gobierno, no tiene libertad de iniciativa pero deben someter cada idea nueva a la voluntad popular de las asambleas de base pero sobre todo que quien manda obedeciendo debe rendir cuentas peso tras peso de cómo se usa el poco dinero del caracol.

Aún podemos sentir en nuestros dientes las crujientes tostadas de maíz que probamos junto a vuestras judías, acompañadas de un dulce café caliente, frutos de vuestra tierra que aún os agradecemos que hayáis compartido con nosotros.

Quizás nuestra visita haya sido demasiado breve pero ha sido muy intensa y el haber puesto nuestro corazón cercano al vuestro durante los intercambios de abrazos y los apretones de mano ha llegado a lo más profundo de nuestra alma, trastornada al ver tanta conciencia de los problemas locales, nacionales e internacionales que nos afligen y al mismo tiempo, estupefacta al ver vuestra fuerza y determinación para resistir con paz y dignidad.  Hemos visto mujeres, hombres y niños, familias unidas para crear la autonomía de la comunidad y la cotidianidad porque, como decís vosotros: “nuestra lucha es prolongada, hay que ir sin prisa pero sin pausa”. Qué elección tan acertada la del caracol para representar el lento camino revolucionario de las comunidades zapatistas que no deja atrás a nadie, mientras el resto del mundo ( o casi) va cada vez más rápido, dejando atrás a quien no puede correr, alabando a quien es más despierto, astuto y aprovechado.

Antes de encontraros en Chiapas, muchas personas nos habían dicho que los zapatistas y el EZLN ya no existían, sin embargo, os hemos encontrado más vivos que nunca, en estos meses hemos podido constatar que también el pensamiento de Zapata está vivo y camina sobre tantas piernas, indígenas y no, y que en esta gran patria americana sopla el viento de sus ideas. En algunos lugares todavía gozan de los frutos de haber dado la tierra a quien la trabaja a pesar de que el envejecimiento de quien manda no permita ver el futuro y el presente con claridad y encontrar soluciones adecuadas. En otros países, detrás de la mentira del socialismo del siglo veintiuno, la tierra y el trabajo permanecen en las mismas sucias manos de unos pocos privilegiados, aplicando recetas viejas y anticuadas vendiéndolas como revolucionarias, cuando sin embargo el poder, el de arriba, cambia color, cambia piel pero hace oídos sordos al grito de los últimos, los de abajo y sigue saqueando a la madre tierra.

El corazón de los zapatistas grita tierra y libertad, la libertad de trabajar la tierra en paz para poder dar comida, un techo, salud y educación a los propios hijos e hijas con dignidad y esperanza. Tierra y por tanto comida, comida esencial para poder continuar luchando, luchando para vivir un poco mejor la propia vida en tierras ancestrales, según ritmos seculares, en vez de mendigar un trabajo en la ciudad donde conservar la identidad es casi imposible y la mera supervivencia pasa a ser el objetivo de la entera existencia. Vuestro “pensafare”, pensamiento y acción, se concretiza desde el punto de vista agrícola en tierra cultivada sin productos químicos que cuestan, son perjudiciales y crean dependencia del mercado, nutrir a las propias comunidades con comida sana y de calidad antes que vender los propios productos, mantener el suelo fértil, amar ese suelo que es vida, ahorrar agua, conservar las semillas, todas decisiones conscientes y valerosas. Un modo de “pensafare” en alternativa al modelo agrícola dominante, hecho de pesticidas, fertilizantes químicos que dañan el suelo, uso intensivo del agua e introducción de semillas genéticamente modificadas y monocultivos perjudiciales para el delicado equilibrio de la riquísima biosfera de Chiapas.

Compartir lo que hay, trabajar juntos superando las dificultades y los egoísmos, colectivizar la tierra, el tiempo, la comida como única alternativa a vivir de las migajas suministradas por el mal gobierno que, aunque benéficas a corto plazo, dividen a las comunidades, crean diferencias y envidias. Los zapatistas eligen día a día trabajar duro, trabajar mucho, trabajar juntos sin esperar que el gobierno llegue con cemento, dinero o comida, frutos envenenados que se vuelven contra la comunidad creando un vínculo hecho de dependencia, asistencialismo y manipulación.

Hemos llegado hasta vosotros intentando aprender de vuestro “caminar-preguntando” y a nuestras preguntas habéis respondido con honestidad y sinceridad, no respondiendo a aquellas que en ese momento no podíais. Respecto al futuro, nos habéis respondido que vuestro futuro es continuar “caminar-preguntando” a lo largo de los caminos zapatistas continuando la lucha y la resistencia iniciada hace 20, 30, 500 años. Un futuro que os importa mucho y que sabéis que depende de los niños y niñas de hoy, que vosotros habéis decidido educar en sentido pleno, para convertirlos en miembros al servicio de la comunidad en vez de mandarlos a instruirse en las escuelas de  ciudad administradas por el mal gobierno, donde los estudiantes olvidan la lengua indígena y son preparados para la vida en las ciudades y no aprenden casi nada que pueda servir en sus comunidades de origen, en el campo.

Esta carta, quiere servir de agradecimiento por la oportunidad de haber visto de cerca como estáis construyendo en autonomía, con justicia y dignidad un mundo que contenga muchos mundos, poco a poco y desde abajo. Las emociones que habéis desencadenado en nuestros corazones son muy fuertes y en poco tiempo habéis dejado un surco indeleble en nuestra alma, esperemos que nuestros caminos se crucen de nuevo reencontrándonos en el corazón del arcoíris de nuestra esperanza.

Con afecto, cariño y reconocimiento.

Stefano y Daniela

CHIAPAS, MEXICO – Mujeres nuevas

De la gran ciudad de Ciudad de Méjico, nuestro viaje prosigue hacia la tierra Maya: atravesamos el estado de Quintana Roo en Yucatán y llegamos a San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, entre las montañas de Sierra Madre. En esta parte del viaje tendremos compañeros como Roberto y Betty del Colectivo Lajkin que nos acompañarán en el descubrimiento de la bellísima y complicada Chiapas y que nos enseñarán la realidad y personas que llevaremos con nosotros el resto del viaje y más allá.

Una de las primeras personas que conocemos es María. María llegó hace algunos años al hogar comunitario de Yach’il Antzetic para pedir cobijo. Al inicio el hogar era una casa donde madres demasiado jóvenes y asustadas dejaban a sus recién nacidos para que alguien los cuidase. En 1996 nace formalmente la asociación Yach’il Antzetic gracias también a la voluntad de Luz María Ruiz García, hermana del Obispo Samuel Ruiz García, mediador durante el conflicto en Chiapas entre EZLN y el gobierno federal mejicano.

Yach’il Antzetic (que en lengua tzetzal significa “mujeres nuevas”) es un espacio auto gestionado que acoge a mujeres indígenas y mestizas, jóvenes madres que viven un embarazo no planificado y que han sufrido violencia, y acompaña a estas madres y a sus hijos en un camino de crecimiento íntegro continuo. El camino es un recorrido colectivo que permitirá a las jóvenes mujeres alimentar juntos el amor y el respeto por la vida, retomar la vida en sus manos, mejorar la calidad de sus vidas, reinsertarse positivamente en la sociedad y transformar el ambiente en el que viven.

María nos explica el compromiso de Yach’il Antzetic en promover una cultura de los derechos y del respeto entre las personas en general, y de mujeres y niños en particular, una cultura no discriminatoria guiada por los valores de solidaridad que permita el desarrollo libre y consciente de las personas, con el objetivo de contribuir a la creación de una sociedad no violenta y solidaria.

Las mujeres son el punto de apoyo de la asociación. María nos dice que muchas chicas, muy jóvenes, incluso de 14 años, llegan a Yach’il Antzetic porque han sufrido un embarazo no planificado, a menudo consecuencia de violencias sexuales perpetradas, muchas veces, por familiares. Solas, sin ninguna red de apoyo, desde las comunidades rurales llegan a la asociación inicialmente con la idea de interrumpir el embarazo o de dar a su hijo en adopción. Pero después algo cambia. Así empieza el delicado trabajo de Yach’il Antzetic, que acoge a estas mujeres y les presenta un mundo completamente nuevo: el suyo. Las jóvenes aprenden a conocer su propio cuerpo y sus propios sentimientos, a desarrollar una mayor auto conciencia de sus propias emociones, a explorar el propio yo y la relación con su hijo. Se trata de un recorrido completamente global que al mismo tiempo permite a las chicas de desarrollar competencias y habilidades, que transforma a las mujeres en mujeres nuevas, sujetos de derechos y capaces de tomar decisiones propias de manera consciente.

Escuchamos con atención a María que nos explica y nos muestra las diferentes actividades que componen el camino de concienciación: desde la realización de artesanado, a las actividades de auto financiación, de la vida comunitaria al parto humanizado. La asociación, y en este caso María (que es partera, o sea obstétrica), siguen a las jóvenes embarazadas para que vivan un parto en las mejores condiciones emocionales y de salud. En este proceso se reconocen como personas, capaces de tomar autónomamente sus propias decisiones. Respetando la cultura y las tradiciones de las mujeres indígenas y mestizas, a través de la práctica de la obstetricia, de la fitoterapia, el estudio de su sexualidad, las mujeres mejoran su propia autoestima y reelaboran su identidad de género, mejorando también el conocimiento sobre las curas sanitarias, la alimentación, los derechos sexuales y la salud reproductiva. Las mujeres que sin embargo eligen la adopción, viven espacios de profunda reflexión sobre sus derechos, los derechos de los menores y la familia adoptiva, que va acompañada durante todo el proceso de inserción del neonato en el interno de un núcleo familiar.

María nos explica como a través del proceso de autoestima y el parto humanizado ha disminuido con los años el número de adopciones y de partos cesáreos. También nos cuenta la discriminación de los indígenas en el sistema sanitario federal y del aumento en la práctica de cesáreas incluso cuando no es necesario, promovido por doctores que, siguiendo una operación quirúrgica, reciben más financiación de parte del estado.

La asociación realiza actividades también fuera de los muros del centro de acogida, con iniciativas de formación, educación popular y sensibilización en las comunidades y escuelas sobre los derechos de las mujeres, igualdad de género, comunicación no violenta, sexualidad y salud reproductiva. Raptos, estupros, golpes, son considerados como hechos casi normales en la sociedad mejicana, violencias por parte de padres, hermanos, amigos: en el país 6 de cada 10 mujeres han sufrido alguna forma de violencia y las estadísticas registran una media de 6 mujeres asesinadas al día.

Yach’il Antzetic ha empezado hace poco a trabajar con las parejas: María dice que, normalmente, encuentran al principio un poco de resistencia por parte de los hombres, pero después de algunos encuentros, casi todos se abren y están dispuestos a poner en entredicho las ideas de género y de derechos con las cuales han crecido. Por el momento trabajan con 6 parejas pero esperan recibir cada vez más adhesiones. Un proceso lento, por boca a boca, así llegan las muchachas de los campos que rodean San Cristóbal de las Casas.

Un proceso que se vuelve más lento y complicado a raíz de la reciente reducción de la financiación de la que gozaba el centro hasta hace dos años. El recorte de los fondos ha llevado a la reducción del equipo y la reducción de los tiempos en el proceso de concienciación de las parturientas, que en vez de 3 meses ahora es de 1 mes, 15 días antes y 15 días después del parto.

María y las otras chicas de la organización se turnan para tener el centro abierto las 24 horas, para poder recibir a las jóvenes que llegan después de horas de camino en busca de acogida. Muchas chicas, después del parto, eligen no volver a sus comunidades y quedarse en la ciudad y entonces Yach’il Antzetic las asiste en la búsqueda de un trabajo y de un lugar seguro donde poder seguir viviendo su vida de mujeres nuevas.

Es increíble oír las historias de las jóvenes que después de haber vivido momentos extremadamente dolorosos y difíciles, han conseguido encontrarse a sí mismas, definir su camino, florecer de nuevo dejando que lo bello entre en su corazón y en el corazón de sus hijos, que encuentran la alegría y la fuerza extraordinaria para ayudar a otras mujeres que, como ellas, quieren convertirse en mujeres nuevas. Gracias María.

D.F. MEXICO – La tierra no se vende

Mario cabalga sonriendo, una medialuna de blancos dientes en un rostro que tiene el color de la tierra. El caballo trota y Mario sigue sonriendo y cabalgando sin silla. Cabello negro y espalda erguida sujeta con fuerza las riendas, Mario ha olvidado el sombrero que el abuelo, Felipe, atentamente le pasa desde el coche en el que viajamos y le dice que vuelva a casa que ya es hora de almorzar. Estamos en Nexquipayac, municipio de Atenco, en una zona de campo periurbano a unos 30 kilómetros del centro de Ciudad de Méjico. Las tierras por las que Mario cabalga orgulloso han sido el centro del debate nacional y de luchas sociales los últimos 14 años, desde que él aun no había nacido. A pesar de esto, también él ha estado activamente implicado en la lucha para defenderlas. De hecho, con 5 años, Mario desfilaba por las calles del Distrito Federal (el nombre con el que se conoce aquí a Ciudad de Méjico) con un machete en la mano para pedir la excarcelación del abuelo Felipe, quien, junto a otras decenas de miembros de esta pequeña pero aguerrida comunidad había sido arrestado en mayo de 2006. De más de 200 personas arrestadas Felipe Álvarez, Ignacio del Valle y Héctor Galindo habían sido condenados a 67 años de prisión y otros 10 condenados a 31 años.

Para intentar entender el porqué de estos arrestos hay que dar un paso atrás hasta el 22 octubre 2001 cuando, el gobierno de Vicente Fox (ex administrador delegado de Coca-Cola en Méjico), anuncia a lo grande el proyecto para la construcción de un nuevo aeropuerto en la capital mejicana, como sucede a menudo con las “grandes obras”, sin consultar a la población local que vive en las tierras donde se debía haber construido el aeropuerto y obviamente sin obtener su aprobación. Un procedimiento contrario a las normas nacionales e internacionales, como la convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo, aprobada en 1989 y ratificada por Méjico y otros 21 países, entre ellos tristemente Italia y otras potencias económicas con fuertes intereses comerciales en tierras indígenas, debilitando la aplicación a nivel internacional. La convención otorga a los indígenas, como las comunidades que viven en San Salvador Atenco, un conjunto de derechos fundamentales, esenciales para la supervivencia, como los derechos sobre las tierras ancestrales y el derecho de decidir autónomamente el propio futuro.

Las comunidades, asombradas y preocupadas por el futuro de sus tierras reaccionan contra este comportamiento arrogante y prepotente con protestas espontáneas inmediatas que incluyen marchas semanales en la capital y boicoteando las decisiones de los órganos comunitarios que debían decidir el futuro de la tierra. Las comunidades piden solamente el respeto de las leyes nacionales e internacionales y de sus derechos como ciudadanos mejicanos y como indígenas. Nace así la movilización social que llevará a la formación del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. El gobierno Fox ofrece una compensación por las tierras expropiadas de 7 pesos mejicanos al metro cuadrado (unos 70 céntimos de euro al metro cuadrado según el cambio del

momento). 7 pesos al metro cuadrado por la vida, la historia, la cultura y la identidad de un pueblo que vive en esas tierras desde hace cientos de años.

Al año siguiente, en 2002 llega la victoria legal para las comunidades de Atenco, la tierra no puede ser expropiada por lo que cae el decreto. El FPDT obtiene el apoyo de la sociedad civil nacional e internacional pero el gobierno, como un amante despechado, rechazado y herido inicia un trabajo de criminalización de la protesta popular y de intimidación de las comunidades que han rechazado su plan.

Nadie puede olvidar los días 3 y 4 de mayo de 2006 cuando el amante rechazado, el gobierno mejicano decide desahogarse con violencia contra la población de Atenco. Aquel día estalla una dura represión por parte de la policía y del ejército mejicano. El detonante, o mejor la excusa, es un conflicto entre la policía y 8 vendedores de flores en el mercado de San Salvador Atenco. 4.500 policías son enviados a este pueblo que tiene un total de 14.000 habitantes incluidos ancianos y niños. Estos 2 días de violencia brutal en el que las comunidades locales bloquean la carretera y causan 2 muertos: Javier Cortés (14 años) y Alexis Benjumea (20 años), 27 mujeres violadas/abusos, decenas de heridos (entre ellos 33 policías) y 207 arrestos (de los cuales 146 definidos como arbitrarios). El caso fue llevado ante La Corte Interamericana por los Derechos Humanos ya que las víctimas sentían que no habían obtenido justicia. El Estado mantiene que las acciones fueron llevadas a cabo por pocas manzanas podridas (16 policías fueron arrestados por violencia contra civiles), pero del proceso resulta claramente que la violencia ha sido buscada y querida también por las altas esferas para asustar a la población. De 2006 a 2010 las comunidades viven una movilización permanente para pedir la libertad de los detenidos, en esta situación las mujeres han tenido un papel fundamental, bien creando un movimiento fuerte y unido con sus maridos encarcelados como después de su excarcelación. El papel de las mujeres que empezó como soporte de los hombres, poco a poco ha ido cambiando, convirtiéndose en un papel de protagonistas de la lucha política y social. Pero, a menudo, las mujeres más jóvenes que quieren participar en las protestas, encuentran una fuerte resistencia por parte de sus madres, suegras, hermanas y de los mismos hombres. La igualdad de género es algo todavía muy lejano en estas comunidades pero seguramente las mujeres han desempeñado y desempeñan un papel muy importante encontrando cada vez más espacio y siguiendo en la lucha para obtenerlo.

Por fin, en 2010, los 3 últimos detenidos son puestos en libertad para alegría de Mario que después de 4 años pudo abrazar a su abuelo Felipe por el que marchó con el machete alzado. Felipe, sin que Mario lo oiga, nos cuenta los mencionados días de violencias en Atenco, la experiencia en la cárcel entre narcotraficantes, los abusos sufridos por parte de la policía penitenciaria, las huelgas de hambre para obtener mejores condiciones y la solidaridad de su gente.

En los últimos años el FPDT ha multiplicado sus iniciativas para defender su tierra, tierra que como nos dice Sergio Grajales es su historia, cultura e identidad, además de

ser la principal fuente de ingreso para muchas de las familias de Nexquipayac. La lucha transcurre por vías legales ya que desde el punto de vista hidrogeológico la zona no es adecuada para la construcción de un aeropuerto pero las dudosas valoraciones socio-ambientales llevadas a cabo por el gobierno no han visto lo que expertos independientes están ahora demostrando con hechos científicos. Además, sobre la tierra que el gobierno quería asfaltar para construir el aeropuerto se han descubierto importantes restos arqueológicos aztecas, entre otros un acueducto y varios lugares de culto. Partiendo de esta herencia cultural el FPDT ha desarrollado varias iniciativas culturales como la ceremonia solar de 16 de mayo en el cerro Tepetzinco donde el sol está en el cénit y la sombra desaparece durante 3 minutos, día de celebración para los antiguos aztecas y ahora evocado de nuevo para recuperar las propias tradiciones pre hispánicas fuertemente unidas a la tierra, al agua, al sol y al cielo, factores fundamentales para hacer crecer el maíz, comida básica y planta sagrada para los pueblos indígenas.

En 2014 el gobierno de Peña Nieto ha relanzado el proyecto del aeropuerto, ofreciendo ahora 150 pesos al metro cuadrado (alrededor de 8 euros) a quien sea expropiado y prometiendo la creación de un parque ecológico, de un área de conservación ambiental y varios programas sociales. La gente de Nexquipayac no se deja engañar fácilmente porque en estos últimos 14 años ha desarrollado anticuerpos que les permiten ser inmunes a la mentira y falsas promesas gubernativas y declaran con fuerza que: “la tierra no se vende, sino que se ama y se defiende!”.

Mario mira el horizonte, sigue cabalgando orgulloso por las tierras de Nexquipayac, el abuelo Felipe con sus manos rugosas, duras y fuertes de quien ha trabajado la tierra toda la vida, lo observa orgulloso y sereno, sabe que hay quien defenderá la tierra, el agua y el maíz. Sabe que hay un futuro para la gente de Nexquipayac.

“Un sentido agradecimiento a los amigos Silvia y Andrea que nos han acompañado a Nexquipayac y sobre todo a Felipe, Filemón, Sergio, Luis Ángel, Rosario y Jimena del FPDT que nos acompañaron al descubrimiento de su maravillosa tierra y comunidad”.

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SPAGNA – Marinaleda, la concreta normalidad de la utopía

El sol brilla a lo largo del camino arbolado, las calles del pueblo están vacías, desiertas en esta perezosa y soporífera tarde de lunes de abril. Hemos dejado atrás la chispeante y colorida Sevilla, algo más de 80km de autopista y una treintena de colinas, verdes, como es el trigo en esta época, y hemos entrado en Marinaleda, un pequeño pueblo de 2.700 habitantes en la provincia de Sevilla, la capital de la comunidad autónoma de Andalucía. Las casas son casi todas blancas y dispuestas en una cuesta en ligera subida en la cuenca del Genil. La cuenca está recubierta literalmente de olivos hasta donde la vista alcanza, olivos de los cuales se produce “el mejor aceite del mundo”, como dice modestamente una de las más grandes fábricas de aceite de la zona. Nosotros, sin embargo, no estamos en Marinaleda por sus verdes olivos sino para ver con nuestros propios ojos un pueblecito del campo andaluz del que se han escrito tantos artículos incluso en periódicos internacionales.

Normalmente los artículos presentan a Marinaleda como un lugar utópico, donde la junta y la población han tomado decisiones “socialistas”, “comunistas”, donde el paro no existe, todos ganan el mismo sueldo, todos tienen acceso a los servicios y la casa te la da el Ayuntamiento. Esto es en parte cierto y a menudo lo que se lee sobre Marinaleda es aproximado y superficial. Algunos artículos incluso publican fotos que ni siquiera son de Marinaleda sino de otros pueblos de la zona.

En 1975 muere el dictador español Franco, en 1976 se legalizan los sindicatos y, en la zona de Marinaleda, un profesor de Instituto, Juan Manuel Sánchez Gordillo, dos sacerdotes, Diamantino García y Esteban Tabares, junto a algunos activistas sensibilizados por las condiciones de vida de los jornaleros agrícolas, forman el SOC – Sindicato Obrero del Campo, que después se convirtió en SAT – Sindicato Andaluz de Trabajadores en 2007. En 1979 en las primeras elecciones democráticas con la nueva Constitución, los sindicalistas del SOC forman un partido político llamado Colectivo de Unidad de los Trabajadores que se presenta para gobernar Marinaleda, que en aquel entonces tenía 2.300 habitantes, la mayor parte jornaleros agrícolas sin tierra, y gana las elecciones. Desde entonces Marinaleda ha tenido siempre el mismo alcalde, que el 24 de mayo de este año se presentará por décima vez. ALTERRATIVE se ha entrevistado con la actual teniente de alcalde, Esperanza Saavedra, nacida exactamente en 1979 y Saul, de 29 años, técnico informático y músico de Marinaleda. Esperanza, de 36 años, madre y maestra de Infantil, nos acoge en el despacho del alcalde donde se enarbola la bandera española republicana. Con su mirada despierta, luminosa y firme nos cuenta la historia de Marinaleda, que ella define: “un experimento humano, con nuestras virtudes y defectos” y que etiqueta a la propia comunidad sobre todo como “anticapitalista” pero también, en ciertos aspectos: “comunista, anárquica, socialista y cristiana”.

No siempre hay trabajo para todos, todos los días y durante todo el año, parte de la solución es trabajar menos pero trabajar todos, gestionando en manera colectiva el trabajo y los turnos. La crisis económica iniciada en 2008 ha afectado también a Marinaleda, pero si en los alrededores la situación ha puesto a los trabajadores en competición unos contra otros dejando al 50% de los jóvenes sin trabajo, en Marinaleda, la crisis significa sólo que se trabaja un poco menos pero trabajan todos. Tras el estallido de la crisis en el sector de la construcción, sobre la que estaba fundada el etéreo e insostenible desarrollo prometido por el partido socialista de Zapatero (PSOE), muchos jóvenes sin estudios, con títulos de estudios y capacidad técnica que ganaban hasta 2.000 euros al mes trabajando de albañiles en la Costa del Sol, se vieron obligados a buscar trabajo en el campo. Ahora ganan como todos , 47 euros por cada día trabajado, como Saul, técnico informático cualificado y con una licenciatura obtenida estudiando fuera de Marinaleda, quien gana, al día, lo mismo que un jornalero agrícola. La diferencia es que un jornalero fuera de la temporada no trabaja mientras que él trabaja siempre de lunes a viernes todo el año. Esperanza nos explica cómo se eligen las cosechas que plantar de manera que se cree trabajo, por lo tanto se eligen aquellas que necesiten mucha mano de obra como pimientos, habas, alcachofas y las aceitunas.

El motor económico de Marinaleda es la cooperativa agrícola “El Humar” fundada después de haber obtenido con la ocupación y una larga negociación con el gobierno, 1.200 hectáreas que eran parte de un latifundio perteneciente al Duque del Infantado. La tierra para quien la trabaja, un objetivo conseguido conjuntamente por hombres y mujeres. Las mujeres siempre han sido partícipes en las luchas de Marinaleda, Esperanza dice que si se moviliza la mujer se moviliza la familia entera, incluso los hijos y las hijas. Dice que el desarrollo de Marinaleda ha cambiado mucho las condiciones de las mujeres, ahora muchas trabajan, tienen el carnet de conducir para llegar a los campos y sus hombres se han visto obligados a dar una mano en las tareas de casa, algo impensable hace 30 años.

Otro aspecto de la administración pública de Marinaleda es hacer en modo que vivir en el pueblo cueste poco: guarderías a 2 euros al mes, piscina a 5 euros al año, muchas infraestructuras para el deporte y entretenimiento cultural gratuitas. Marinaleda, según los críticos, se beneficia de tantas subvenciones de la comunidad andaluza, del estado español y de la Unión Europea, esto puede ser verdad o no (Esperanza asegura que Marinaleda recibe un 6% menos de las financiaciones recibidas por los ayuntamientos andaluces) pero hay que tener en consideración que para obtener financiaciones hay que tener una administración local fuerte, seria, acreditada pero sobre todo honesta y transparente, aparentemente la administración del CUT guiada por Gordillo lo es, y esto suscita la envidia de muchos ayuntamientos españoles.

Marinaleda se define como una utopía hacia la paz pero en la vida cotidiana Marinaleda no es una utopía, es simplemente un ejemplo de política seria, o sea, pensar en lo colectivo antes que en los propios intereses personales, tanto Esperanza como Saul coinciden en decir que no todos los habitantes están siempre contentos con todas las decisiones, pero se decide juntos, por mayoría. Casi siempre alguien no está de acuerdo pero es el precio a pagar para que el pueblo funcione y prospere. Los datos hablan claro: +400 residentes en 35 años, una excelente señal para un pequeño pueblo rural de una de las zonas más pobres de uno de los países más golpeados por la crisis económica de los últimos años.

Marinaleda no se deja atrapar por los efectos de la crisis, también aquí hay competencia con los trabajadores de la Europa del Este y del norte de Africa pero, como dice Esperanza: “hay que entender que el verdadero enemigo es quien explota, quien no respeta los derechos y mínimos salariales, no quien es explotado porque está desesperado y sin documentos”.

Esperanza añade que los éxitos de Marinaleda han sido más simples gracias a la relativa homogeneidad del tejido social, el 90% de la población activa son jornaleros agrícolas. El CUT gobierna también otros pueblos pero como son menos homogéneos las luchas y reivindicaciones de cada grupo de interés han hecho más complicado obtener resultados similares.

En Marinaleda son conscientes de ser un ejemplo incómodo del hecho que se pueden tomar decisiones por el bien de la colectividad, por el bien público, son conscientes que esto molesta y que es un peligroso ejemplo para el capitalismo neoliberal, individualista y basado en la obtención del provecho y el interés privado. A pesar de esto, Saul, no es muy optimista, dice que a los jóvenes, los adolescentes y los veinteañeros les cuesta trabajar gratis, de manera desinteresada y solidaria. También por esto, cada año, durante la Semana Santa, en Marinaleda se realiza la Semana Cultural por la Paz, una iniciativa alternativa a las celebraciones religiosas tan sentidas en Andalucía, una semana para hablar de paz, solidaridad y justicia.

Tres días de visita no bastan para entender Marinaleda y nos quedan muchas preguntas, muchas dudas pero hemos encontrado una realidad mucho más normal, concreta y simple de lo que esperábamos después de haber leído los artículos sobre Marinaleda publicados por periódicos y sitos internacionales. Como sintetiza perfectamente Saul: “Lo que estamos haciendo aquí no es una locura. Son cosas normales que, queriendo, se pueden hacer en cualquier sitio, con la condición de que el dinero y el provecho no sean el principio inspirador de las cosas que se hagan y la gente se dé cuenta que no es el dinero lo que necesitamos para ser felices y vivir bien. Simplemente hay que ser más humildes, adecuarse a lo que se tiene y luchar por los propios derechos, ser firmes en las propias convicciones y defenderlas. Al final, si tú no las defiendes nadie las defenderá por ti, así se han obtenido aquí las cosas, así se pueden hacer en cualquier sitio”.

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